Pocas veces el resultado de un partido radiografía con mayor exactitud defectos y virtudes de los protagonistas como el 2-3 del sábado en Mestalla. Al Valencia no le sirvieron dos goles para asegurar un solo punto en su feudo. El Madrid necesitó tres para someter a un rival inasequible al desaliento. Lo hizo, además, enarbolando el juego serio y sin fisuras —hasta que Pepe se fue del campo— del que han bebido sus últimos éxitos. Si algo hubo en el choque fue lo que tanto escasea en el fútbol: que cada cual cumplió su papel a la perfección.
Joaquín por el que cada uno quiera
El Valencia hizo lo que pudo y luchó hasta donde le llegó el resuello. Emery parece haber enderezado el rumbo en los últimos tiempos y poco hay que reprocharle, más allá de que uno hubiera jugado con Joaquín —en este y en todos los partido— en lugar de quien a cada cual le parezca. Al contrario de lo que solía pasar hasta hace poco, los goles del Madrid cogieron a la defensa blanquinegra bien plantada. Pero a Bruno nunca le alcanzará para evitar el desborde de Benzema, Mathieu defiende lo poco que le da el entendimiento y Marchena fue incapaz de agarrar lo suficiente a Garay —tiempo le sobró porque el balón venía de las cercanías de Marte— como para evitar que marcara. Que un defensa no mire el balón cuando defiende un centro a balón parado no es culpa del entrenador. Todos hicieron cuanto estuvo en su mano, estaban en su sitio y pusieron todo su empeño. Pero ante jugadores como los que tiene el Madrid eso no es suficiente. Se podrá ganar en Pamplona o Bilbao, pero para viajes mayores da la impresión de que estas alforjas no tienen el suficiente grosor.
La piedra en el camino de Florentino
Así las cosas, muchos seguirán esgrimiendo argumentos para pensar que la Liga la puede ganar cualquiera. Los indicios a estas alturas parecen apuntar hacia otro lado, pero el fútbol acepta toda hermenéutica. El Madrid, en todo caso, refrendó que no se va a conformar con hacer de comparsa del Barcelona. De Mestalla salió reforzado como equipo, aunque muy castigado en su línea de flotación. La lesión de Pepe puede suponer un menoscabo en sus posibilidades tan o más importante que las ausencias de sus fichajes más rutilantes. El portugués es el auténtico líder de una línea que, sin él, puede convertirse, quién iba a decirlo, en la piedra en el camino de Florentino hacia el olimpo de los dioses. Que nadie descarte otro fichaje millonario.