Temblores, angustia, taquicardia y Villa en el 94

Esta vez valió la pena esperar y sufrir hasta el final porque la película tuvo un desenlace distinto al que ya conocíamos

 

El empate no era el mejor resultado para afrontar los minutos finales del partido. Tampoco el peor, está claro. Lo pudo arreglar el Guaje con el penalti de amigos con que quiso poner fin el irlandés al sufrimiento del Valencia, pero ni así. Temblores, angustia, taquicardia, espasmos musculares, dolor de estómago... No, no son los síntomas de la gripe A, es el Valencia que a veces provoca síntomas contradictorios y, gane o pierda, lo hace siempre con sufrimiento. Esta vez hasta pasado el minuto 94, cuando Villa hizo el gol que además de la victoria significa ser primeros de grupo y evitar a los equipos Champions. Valió la pena esperar y sufrir.

Directo al sorteo
No es fácil ganar al Genoa en su terreno y ante una afición tan ruidosa y explosiva, pero tampoco esta vez fue el Valencia que queremos como no lo ha sido a lo largo de esta primera fase de la Euroliga. Sólo tuvo el control cuando logró tener al rival lejos de su defensa, en buena parte del primer acto, pero durante muchos minutos y de manera indiscutible en la segunda parte fue superado en tantas facetas —física, táctica y también emocional— que muchos llegamos a pensar que el final podía ser el de tantas y tantas otras veces. Como si estuviera escrito. Pero no, con todo y pese a todo, a la hora de la verdad hoy el Valencia estará en el sorteo y es ahora cuando empieza lo bueno en esta competición.

Peinar balones
Ser calvo también tiene sus ventajas, lo único que puede peinar uno son balones y a veces, cuando la estrategia dice que el balón hay que peinarlo al segundo palo para que remate un compañero, va y se cuela por la escuadra de la portería. El caso es que Bruno hizo el primer gol del Valencia y casi no sabía cómo se hace para celebrarlo, porque parece ser que no lograba uno desde que jugaba en el Espanyol B de media punta, o también desde que marcó en un partido de Copa con el Lleida hace seis años, ya de lateral. En cualquier caso, un golazo no más afortunado que el de Garay en Mestalla de un tipo que se deja la piel en el campo.

Tuya, mía
Más de los seis árbitros. No se sabe qué pasará cuando los jueces de portería tengan que decidir si el balón entró o no, pero de momento no aciertan ni una a la hora de decidir si un balón ha rebasado o no la línea de fondo. Por no hablar de que entre los seis no sabían a quien correspondía una tarjeta amarilla.

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