La locura tiene nombre y apellidos: Unai Emery. Y el móvil policiaco —no confundir con el aparato móvil con el que hablamos todos los días setecientas mil veces y que nos sablea sin piedad si el propietario del mismo no es la empresa a la que te debes— gira en torno a la necesidad o no de renovar su contrato... el de Emery. El señor Emery, don Unai, no ha hecho nada a mi modesto entender para merecerse una renovación en toda regla y antes de que llegue la hora prudencial de entablar este tipo de asuntos. Para mí, a fecha de hoy, Emery ha sido el señor que teniendo en sus manos una de las mejores plantillas en la historia del Valencia nos ha hecho padecer hasta lo indecible en la fase previa de la Uefita, ha tirado por la borda de forma indigna su continuidad en la Copa del Rey —aduciendo entre otras lindezas que no puso a Villa contra el Depor porque no puede jugar 80 partidos al año... ¡Pues déjalo en el banquillo los otros 79 señor mío, pero justo el que tiene que jugar, el más importante, no lo deje calentando en la banda hasta casi el pitido final del encuentro— y en la liga regular ocupa una meritoria tercera plaza pero ofreciendo una irregularidad que le hace ser carne de cañón para los valencianistas amantes del buen fútbol. Emery, en Liga —su único medio mérito a efectos contables—, tiene la virtud de tirar por la borda en Mestalla todo lo que consigue ganar fuera... que es muchisísimo. Es decir, la afición de Mestalla lo que ha visto hasta ahora es a un señor que en casa anda perdido, en la Copa prefiere perderse y en Europa jugar al escondite... Escasísimo bagaje para ganarse una renovación.
Amunt, Linares!
Mi compañero Linares —Lini para los amigos y para los expertos en fútbol regional conocedores de su proceder sobre terrenos de juego pedregosos— estuvo absolutamente acertado el pasado martes en compañía de Chema Mancha y su tertulia triunfante cuando, requerida su opinión sobre la renovación de Unai Emery, se puso de pie y tras golpear con su puño derecho una de esas fantásticas mesas de diseño de Tutempo K-7 —Lini cuando se emociona ´atiza´ sin piedad a todo lo que se le ofrezca— dijo la reflexión más seria que he escuchado sobre el tema a lo largo de toda la semana: «Calma, señores, calma... —vino a decir mientras él perdía la suya en un claro signo de entrañable incongruencia—, aún es muy pronto para debatir sobre el futuro de Unai Emery, calma». Y yo le aplaudo. Es más, si fuera obligatorio posicionarse en estos momentos a favor o en contra de Emery, yo no tendría la más mínima duda: lo ponía ya mismo de patitas en la calle.
¿Es Guardiola?
Súper Pep renovó ayer su contrato con el Barcelona. Lo normal. La campaña a favor —absolutamente justa y sin fisuras de todo el barcelonismo— de que estampara su firma para dirigir la plantilla blaugrana la próxima temporada estaba tan repleta de razones positivas que a ningún ser humano medianamente inteligente le parece sorprendente que estos días se haya tratado la renovación del técnico. ¿Y Unai? Pues si ustedes leen un diario que dice ser valenciano pero que fue parido y vive y se alimenta a orillas del Bernabéu, Unai es para el Valencia prácticamente un calco de Pep Guardiola para el Barça. Pues no, Unai no es Guardiola y vuestra obsoleta campaña lanzada antes de tiempo suena a disparate periodístico sin precedentes. Con Unai calma, calma, mucha calma, que Lini sabe bastante más de esto que quienes sólo buscan su propio interés.