Hubo un tiempo, no tan lejano, que el Valencia tenía en Carlos Marchena a uno de los mejores centrales de Europa. Su estatus, además, no era flor de un día. Heredero de la contundente escuela sevillana de defensas rocosos y sin contemplaciones, Marchena ya destacó en las categorías inferiores de la Selección y fue el mejor en su puesto en el mundial sub-20 que España ganó en Nigeria hace ya una década. En él se juntaban la agresividad que aprendió de los Martagón, Pablo y compañía, con una cierta finura a la hora de jugar el balón. Con el tiempo, consiguió consolidarse en la Roja y su consagración llegó con el impecable desempeño que tuvo, junto a Puyol, en la última y gloriosa Eurocopa.
Sin punto de inflexión
Esa victoria en Viena debería haber marcado el punto de inflexión para hacer de Marchena un indiscutible en su puesto, un jerarca del área que marcase la línea durante años. Y, sin embargo, sucedió todo lo contrario. Primero llegó su enfado por el injustificado trato que recibió del club, que subió la ficha a Villa y Silva por su buen papel en la Eurocopa, descuidándose que allí también había jugado un tal Marchena ¿Por qué a unos sí y al otro no? Más tarde, la cuestionable obsesión de Unai Emery de hacer de Marchena un jugador de centro del campo. Si con la versión más barraquera de Quique ya el sevillano adelantaba de tanto en cuanto su posición, Emery ha acabado consiguiendo aniquilar al gran central con el que contaba su plantilla. Una más de las atrocidades de un entrenador con una política de personal deplorable.
Hay responsables
Y así, nos encontramos con que una abrumadora mayoría de seguidores de SUPER prefiere a Dealbert y Navarro (sic) antes que a Marchena ¿Alguien puede explicarlo? Desde fuera, dos personas parecen responsables del desaguisado. En primer lugar, el entrenador, que ha preferido sacrificar a uno de los mejores centrales de España a cambio de contar con un mediocre centrocampista. En las ya míticas montañas de Neustift todavía resuenan los gritos de Luis Aragonés urgiendo a Marchena a no tocar el balón más de dos veces y entregarlo rápido a los que sabían jugarlo. El otro culpable es el propio Marchena, que parece no tener claro que sus cualidades técnicas le dan de sobra para ser un gran central, pero no le alcanzan ni de lejos para destacar como mediocentro. Y con ello, perdemos todos. El Valencia porque se tiene que conformar con centrales que a nadie impresionan y la Roja porque, de hacerse justicia, no contaría más con esta nueva versión de Marchena.