El peso ideal para Miguel Ángel Ruiz

El consejero y patrono no fue al estadio el último día ni tampoco a la reunión de la directiva, un distanciamiento que tiene como origen su criterio propio y el estilo del presidente Catalán

 

La vieja guardia salió de la Junta a gorrazos, pero a él lo sacaron a hombros. En realidad nunca se fue, como tampoco los medallistas. Sin embargo, a diferencia de ellos, durante el año de exilio Luis García y los jugadores continuaron llamándolo para las comidas privadas del vestuario, conscientes de la ayuda que le prestó a Manolo Salvador en el mes más duro de la historia del club. O del papel jugado en el regreso de Sergio Ballesteros. Fue él también quien consiguió el primer viaje en avión desde la concursal, un vuelo a Xerez de bajo coste. El mismo al que el equipo adoptaba como un empotrado. El que se pagó su entrada en Vallecas. O el que se tiraba a la carretera con un copiloto que alguna vez fue el entonces cercano Quico, ahora presidente, un íntimo suyo y salvoconducto para participar en la Fundación y regresar al Consejo. Por eso es imposible pasar por alto que el último día Miguel Ángel Ruiz prefiriese ver al Levante por la tele en vez de ir al estadio. Una baja que se repitió en la cita del Consejo... Están en su derecho de desmentirlo, poner de excusa el trabajo o, mejor aún, arreglarlo en el desplazamiento a Cádiz, pero él y Catalán se han distanciado.
Guste más o menos, el problema viene de lo complicado que es calcular el peso ideal del cariñosamente apodado ´gordo´ en el Levante. El presidente contó con él pese a ser consciente del lastre a nivel de imagen debido a la estrecha vinculación que tenía con el pasado y por más que su relación con Pedro Villarroel dejó de ser la que era. Sin embargo, ni siquiera su amigo Quico le ha concedido un indulto completo, motivo por el que le quitó de la boca el caramelo de la vicepresidencia en favor de una marca blanca como Tomás Pérez, que ni es un SAM puro ni va a darle faena.
Mientras vivió fuera del Consejo Ruiz supo moverse. Estuvo a punto de que López Lara, al que invitó a comer, le diese un cargo. Y se convirtió en el accionista minoritario con más títulos una vez que los Boluda le delegaron los suyos. Aseguran que iba también, aunque Valentín Serrats no lo cita en público, en la lista alternativa para el Consejo en la que se trató de impulsar a José Luis López, otro de su círculo, como presidente. Y la afición lo quiere.
Sabiendo por sus hechos la querencia que el antiguo ´vice´ siempre ha tenido por el área deportiva es de suponer que la concentración de poder en manos del presidente, opuesto a repartir funciones en el Consejo, tampoco es de su agrado. Y es que en el fondo resulta paradójico que Ruiz esté demostrando de puertas para adentro un loable criterio propio, no aborregado, y que precisamente eso le esté costando ahora un disgusto morrocotudo. O se cuenta con él o no se cuenta. Las medias tintas no tienen sentido.

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