Los días siguientes de un partido son suficientes para que se celebre un gran triunfo y para que se olvide un fracaso. Sólo las grandes gestas se guardan en las vitrinas y sirven para enmarcar las estadísticas. Digo esto porque ya estamos de nuevo inmersos en competición europea. Atrás queda por tanto el partido de Gijón. Un nuevo empate, como en Tenerife, y de vuelta a casa. Un reparto de puntos que supo a poco. Los de Unai merecieron algo más. Tan sólo los despistes de los primeros minutos privaron al conjunto valencianista de la victoria. El problema es que esos despistes se repiten demasiado. Contra rivales más o menos fáciles tiene solución aunque sea a medias, pero ya vimos en Sevilla, no se puede salir de esa guisa. Espero que tengan bien aprendida la lección, sobre todo de cara al encuentro del próximo jueves en Bélgica. Se terminaron las fases de grupo que tanto dolor de cabeza han dado para poder clasificarse. La pregunta del aficionado gira en torno a las rotaciones. No creo que se hagan muchas, al menos en este primer partido; otra cosa será en la vuelta, siempre en función del resultado. Fuera de la Copa del Rey, esta competición europea debe ser apetitosa. Hay que esperar que todos estén implicados y no dejar para el final los deberes como nos tienen acostumbrados, sería imperdonable. Estaremos atentos.
El Levante y las carambolas
No quiero terminar este cometario sin referirme al Levante UD. Se nota que las cosas se están haciendo bien, tanto en los despachos, fundamental para todo, como en el terreno de juego. Son ya muchos encuentros sin perder, cuatro ganando de forma consecutiva. Los de arriba no pinchan, pero tampoco está mal andar ahí, a la expectativa, por si acaso. El ascenso a Primera no es el objetivo, pero pueden surgir carambolas. Este es el camino para que la unión de equipo y afición funcione.