Como hoy estamos ya a martes y el partido se jugó el pasado domingo por la noche me niego a hacer análisis tardíos sobre un acontecimiento que todos ustedes se saben ya de memoria desde hace un porrón de horas. Sólo me permitiré el lujo de añadir una frase que a buen seguro molestará a más de uno. Dice así: «El partido Atlético de Madrid-Valencia lo ganó el equipo que más lo mereció... el Atleti. ¡Y menos mal que teníamos a Cesar!».
Los ojos del ´boticari´
Ahora les voy a hablar sólo de un par de detalles de ese partido. El primero tiene a Marchena como triste protagonista y una especie de parábola que me contaron ayer sobre la famosa jugada del penalti y expulsión del cuarto árbitro que no tiene desperdicio. Por eso quiero compartirla con todos ustedes. Pónganse en situación. Imagínense que usted se llama Escolano, juega muy bien a pádel, le pega con violencia a la bola de golf y además es boticario y justo enfrente de su farmacia hay una oficina del Banco de Sabadell... ¡que están atracando justo en el mismo instante que Escolano ha salido a la puerta de su botica para fumarse un sabrosísimo cigarrito mentolado! Escolano ve la acción y presto y dispuesto se mete en su farmacia para avisar a la Policía de que se está cometiendo una fechoría justo delante de sus narices.
Detención y al talego
La Policía es rápida. En apenas un par de minutos se presentan dos ´lecheras´ —antiguamente yo llamaba así a los coches de la bofia— cargaditas de agentes que se encargan de reducir al malechor en un visto y no visto y casi al instante se lo llevan detenido a los calabozos.
Cambio de papeles
Les voy a pedir un nuevo esfuerzo para que entiendan lo que les quiero transmitir. Imagínense que el boticario Escolano es el cuarto árbitro del partido jugado el pasado domingo en el Vicente Calderón y que el ´atracador´ —entre comillas, que tampoco hay que llevar a la silla eléctrica a nadie— es en realidad Carlos Marchena cometiendo esa mano dentro del área, que el árbitro no vio al principio pero que sí señaló a instancia de Escolano.
¿Quién es el malo?
La pregunta es obvia. ¿Matamos al cuarto árbitro por avisar que se había cometido un desmán dentro del área del Valencia —desmán real como la vida misma— o matamos a Marchena por cometer el desmán y encima atreverse a protestar airadamente su terrible metedura de pata... o en este caso de mano, para ser más exactos? Miren, a mí me da igual que el cuarto árbitro ´pitara´ la jugada. Lo que no me da igual es que Marchena —un veterano con el culo pelado— cometiera una acción tan infantil. Al final el aviso del boticario Escolano dio con los huesos del truhán en la trena. Y se hizo justicia... que eso es lo importante; quien diera el aviso es un asunto secundario.
¿Quién es el malo?
Esta última estrofita es muy corta. Dice así. ¿Alguien me puede explicar la razón del bajón que han pegado sobre el terreno de juego los que en teoría son los mejores jugadores del equipo... es decir los bajitos? Que los bajitos estén en un estado de forma tan bajito nos debería preocupar mucho más que el boticario Escolano.