La Europa Liga no es la Liga de Campeones y está claro que en la Europa Liga no es tampoco la Champions del arbitraje. Más allá de que dio la impresión de estar algo pasadito de peso, de entrada sorprendió a todos pitando un penalti de esos que, como se suele decir, nunca se pitan. Por fin un árbitro se atreve a entrar en esas jugadas que se dan en las áreas y en las que todos los demás suelen hacer la vista gorda, se podía pensar por aquello de buscar una explicación lógica. Pero no, nada más lejos de la realidad. Este árbitro no es un valiente, solo es un inepto más que se pasó tres pueblos y después dedicó el resto del partido a compensar su equivocación cometiendo un error tras otro. Pero tampoco es cuestión de perder una sola línea más con sus pifias, más bien interesa destacar que a raiz de las mismas surgió un Valencia hasta ahora desconocido, una fiera sin control que durante unos minutos devoró todo lo que se le puso por delante, un equipo seguro de sí mismo pese a jugar con diez. Una reacción que llevábamos mucho tiempo esperando y que descolocó al Werder Bremen más que las propias decisiones del árbitro al Valencia.
¿Por qué no al principio? ¿Por qué no se vio desde el primer minuto ese Valencia capaz de atropellar al rival y asediar la portería contraria once contra once y con empate a cero en el marcador? Como entrenador y jefe de grupo, a Unai Emery le corresponde buscar ese punto de excitación ya sea para el partido del domingo en Barcelona como para la vuelta en Bremen. Visto lo visto, si el equipo alemán no fue capaz de sentenciar y con todo lo que falló el Valencia, allí la eliminatoria está totalmente abierta, pero tiene que aparecer la versión del Valencia furioso y sobrado de orgullo de la segunda mitad, no el otro.