Cuando Raúl Albiol, rutilante fichaje del neoflorentinato, fue preguntado al dar comienzo la temporada por cuáles eran los objetivos de su nuevo equipo, el central valenciano contestó que, por difícil que pudiera resultar, el triplete estaba en mente de todos los miembros de la plantilla blanca. Había presidente nuevo, entrenador nuevo y cinco o seis jugadores nuevos en el once titular y, sin embargo, un muchacho por lo general prudente en lo que dice se atrevió a ponerse a luchar por algo que jamás antes había conseguido el Real Madrid. Ni siquiera el de Di Stefano.
Conformarse
Unos cuantos meses más tarde, Albiol va a tener que conformarse con luchar por la Liga. Por fortuna para él, lo hará en un campeonato cada vez más descafeinado, plagado de equipos que enfrentan a Barcelona y Madrid entregando la tarjeta de perdedores antes de empezar los envites. Será un alivio para él, desde luego, olvidarse de esos equipos que no se dejan obnubilar por los deslumbrantes focos del Bernabéu, que no rehúyen el choque y no dejan esos cinco metros para pensar con los que cualquiera sabe jugar al fútbol.
En siete meses
No deja de resultar chocante que en Madrid hayan pasado del triplete a buscarle substituto a Pellegrini y Kaká en apenas siete meses. O, sin irse tan lejos. Cinco días atrás, después de remontar un partido a un Sevilla cobarde y timorato, el madridismo mediático hinchaba las venas como un purasangre victorioso ¿Tiene alguna lógica un cambio tan radical después de un solo partido? Seguramente no.
Construir un equipo
La historia no conoce gran equipo construido de un año para otro. De hecho, para el poco tiempo que lleva en ensamblaje, hay que reconocerle al Real Madrid unas hechuras de aspirante a campeón notables. Pero quienes quieren llegar con demasiadas prisas a destino suelen tropezar en los obstáculos más pueriles. Y los prohombres de Florentino no repararon, por ejemplo, en que no ha habido un solo campeón de la Champions que no dispusiera de una pareja de centrales poderosa, contundente y capaz. Donde no alcanza la inspiración de los de arriba, sale al quite la seguridad de los de atrás. Hasta tal punto se las prometían felices con Garay y Albiol que estaban, incluso, peleándole la renovación a Pepe, el único de los tres que tiene una verdadera talla mundial. Quien quiera saber por qué el Madrid no sigue en Europa, a pesar de haber hecho tantos méritos como su rival para pasar la eliminatoria, sólo tiene que observar detenidamente el gol del Olympique. Sin centrales no hay paraíso.