Si hay algo que los colchoneros tendrán que agradecer a Quique el día que se vaya, independientemente de como acabe su equipo en la Liga BBVA, Copa y Euroliga, es que haya sacado otra vez brillo a ´La Perla´. Reyes vuelve a maravillar y a estar en el mercado gracias a que el ex blanquinegros se ha dedicado en cuerpo y alma a formatear su complejo disco duro.
Antes de llegar el Benfica, donde se puso por primera vez en manos de su actual técnico, el utrerano dedicaba más tiempo a ver sus defectos y a saltarse la dieta propia de un futbolista que a pensar jugadas como la del 0-1 atlético ante el Sporting. Estaba pasado de peso y no era ni la sombra de aquel jugador por el que el Arsenal había pagado 27 millones en enero de 2004. Sin embargo, Quique no dio la causa por perdida y se empeñó en José Antonio copara de nuevo portadas.
Reyes ya amagó con volver a ser lo que era en el exilio luso. El problema es que a su regreso al fútbol patrio se encontró con Abel, quien le hizo sentirse tan pequeño como a su paso por el Madrid. Pero en esas apareció otra vez Quique en su vida para acabar el trabajo que tenía entre manos. El utrerano se ha dejado definitivamente de empanadas y renacido como extremo de lujo, para desgracia europea del Valencia.