La semana pasada, cuando escribí «Levante UD: ¿Ascenso? No, gracias», lo hice desde la consciencia de estar remando en contra de la corriente. Propuse una hipótesis de trabajo que no gusta por cuanto en el fútbol la ilusión se impone a cualquier otra circunstancia. La inmediatez desborda el frío análisis. Al reflexionar, en el sentido que lo hice, no estuve inducido por brujas de color blanco ni he perdido la ilusión por lo que significa el Levante UD en la sociedad valenciana. Todo lo contrario. Mi deseo es un Levante UD consolidado y respetado en la Primera División del fútbol español.
Atención a las reacciones
Mi propuesta de renunciar al ascenso, en el supuesto de conseguirlo, todavía sigue provocando multitud de reacciones. He tratado de prestar atención a todas ellas, las agradezco, e incluso a las que han utilizado el insulto y la descalificación como argumento para contrarrestar la mía. En la mayoría de las ideas expuestas prevalece el sentimiento. Es como si se quisiera olvidar la realidad de los hechos en los que vive el club azulgrana. Los motivos que me conducían a pensar que no es el momento de ascender han sido rebatidos con el corazón y ello siempre conlleva un alto riesgo. A mí también me gustaría ver al Levante UD en la Primera División, pero cuando las circunstancias fuesen las adecuadas, cuando la base social y económica lo permitiese. Estimo que es mejor esperar un tiempo, el que se precisa para aclarar la situación con los acreedores —90 millones de euros de deuda—; saber si los terrenos de Orriols donde ahora se ubica el estadio son recalificados y, al mismo tiempo, pueden ser vendidos a cambio del suficiente dinero que permita construir otro campo; liberarse de las cargas y disponer de liquidez con la que afrontar el futuro con suficientes garantías. Son demasiadas circunstancias las que el Levante UD tiene pendientes, tomadas con alfileres, como para dedicarse a dar saltos mortales y además sin red. Por cierto, ¿es necesario construir un nuevo estadio?
Lo fácil es apostar por el ascenso
Lo fácil es apostar por el ascenso pero, ¿quién lo paga? En la respuesta se dirá que la afición, los ingresos por la venta de los derechos televisivos y por los patrocinadores. Sin embargo, el Levante UD, en los últimos treinta años, se ha mantenido gracias a las aportaciones y sacrificios, incluidos los errores, de cierto número de dirigentes a los que hay que añadir la generosidad, el amor y la lealtad de unos 5.000 aficionados que saben estar al lado de su club en los buenos y malos momentos. Tampoco nos podemos olvidar de la puntual y vital ayuda de las instituciones públicas. De no ser así, ¿cómo hay que entender los llamamientos del entrenador Luis García para que la afición acuda al campo? De no ser así, ¿cómo hay que interpretar que para aumentar la masa social se proceda a vender pases para diez partidos a 20 euros? Y de no ser así, ¿por qué más de un directivo apaga su teléfono para evitar que le pidan entradas gratis para asistir al Levante-Hércules? Y todo esto sucede en una temporada que hay que calificar de brillante.
En minoría
Mi ilusión por el Levante UD permanece intacta y, tal vez por ello, estimo que es oportuno debatir sobre el presente y futuro de la entidad. Máxime cuando las personas que conforman el actual Consejo de Administración con Quico Catalán a la cabeza no busca el negocio ni el interés propio. Está formado por un grupo de levantinistas capacitados para desarrollar la responsabilidad que han asumido, a cambio de la satisfacción de un trabajo bien hecho en favor del Levante UD. ¡Ah! ¡Por supuesto! Si se asciende me alegraré, me sentiré orgulloso por el logro alcanzado y respaldaré, al margen de mi opinión, la decisión de no renunciar al ascenso, que es la que percibo con claridad y que la mayoría desea.