En dos días asoma el proyecto del Valencia. ¡Por fin! Es Llorente, para lo bueno y para lo malo. Lo malo es que te enteras por la prensa —que le pregunten a Ortí— y lo bueno es que hace su marcha. Y que hace mucha marcha. Sin que nadie se entere —ni el más íntimo— tenemos renovado al entrenador y cualquier día de estos aparece por Manises un tipo largo y con melena que se parece demasiado a Raúl pero se llama Topal. No nos volvamos locos con el turco. No viene a jubilar a nadie ni a maravillar al personal desde el primer día. Viene a competir, a sumar y sobre todo viene al Valencia a crecer y a jugar la Liga de Campeones. Esa es la clave de Topal y del Valencia que se avecina, que aunque tenga un millón de letras por pagar, tira p´alante.
No es fácil ser Dios
No utilicemos el nombre de Baraja en vano. No digo que el Pipo sea Dios, digo que si de verdad queremos ser agradecidos con el tipo que se echó el club sobre sus espaldas con un sentido de la responsabilidad que da vértigo y en una de las situaciones más delicadas que recuerdo para el Valencia, haremos bien si no le metemos en guerras pueriles o escaramuzas revanchistas, baratas y casi barriobajeras de las que seguramente él no tenga ni idea. Aprendamos la lección que nos dejó Rubén cuando el equipo se iba a Segunda... aquello de que por encima de todo está el Valencia. ¿Para despedir al Pipo también vamos a liarnos a mamporros? De verdad, ¡cómo somos!
Cuando pedir perdón no es suficiente
Prefiero ser mendigo que madero, dice La Fuga, «y recoger los besos que eches en mi sombrero, vivir la vida a trago y comerme el mundo entero». He visto unas imágenes de una televisión cuyo nombre no digo para no hacer publicidad gratuita, sale Manolo Lama humillando a un hombre que tapado con cartones pide limosna en una acera próxima al estadio en el que poco después el Atlético de Madrid ganó la Euroliga —¡qué envidia del Atlético—. Inocente de mí, pensaba que habían tocado techo —o fondo— el día que salieron a la calle con una hucha a pedir dinero para que el Valencia pagara a sus futbolistas. Me equivoqué y me equivocaría otra vez. Lama pidió perdón ayer, pero aún así, prefiero ser mendigo que Manolo...