La realidad a veces supera a la ficción, aunque en el Levante eso es casi siempre. Precisamente por eso, porque ha sabido captar su identidad con buen humor, la campaña de abonos es verdaderamente original y está tan bien tirada. Con independencia de si se alcanzan o no los 12.000 socios, al proclamar lo maravilloso de tomarse la vida de otro modo y animar no al que gana, sino a quien más lo necesita, se ha dado en el clavo. Y es que detrás de la ficción de esos simpáticos muñequitos que con el lema ´¡Qué grande es ser pequeño!´ se asoman al Ciutat como si de un futbolín se tratara está la realidad de técnicos que se las ven y se las desean para fichar o la de un Consejo que el martes se tiró cinco horas haciendo números. Sin embargo, el Levante se aprieta los machos y va saliendo del atolladero. Que dos futuribles como Roberto y Guerra terminan yéndose a un Segunda, pues se trae a Sergio y Stuani, igual que el año pasado llegó un tal Juanlu después de que Felipe Sanchón prefiriese el Granada. Que hay que apretar el presupuesto, pues se deja en 17,5 millones de gastos, el más bajo de Primera, contemplando los gastos de la concursal, los del ERE y hasta la prima por la permanencia: 1,5 ´kilos´, como la del ascenso, aunque con el deseo de que el año que viene haya mejor rollo tras el reparto... Y a apretar los dientes toca, haciendo fuerza para que los fichajes lleguen a tiempo, haciéndose el ´longui´ para pagar la cuenta o confiando en malabarismos como los de Hacienda y Ruralcaja para seguir vivos. ¡Qué grande es el Levante!.