Un derbi tan discontinuo como el de Valencia, disputado de uvas a peras y con ambos contendientes instalados durante décadas en mundos distantes, ha de recuperar el tiempo perdido y alimentar la vieja rivalidad, olvidada en el túnel del tiempo, con nuevas entregas, como este atractivo choque copero. La última vez que los dos clubes de la ciudad se midieron en la Copa del Rey, los valencianistas iban camino de clasificarse para su primera Champions, mientras que el objetivo de los ´granotas´ era el de ascender de Segunda B a la categoría de plata. Curiosamente, lograron su propósito un día después de la inolvidable final conquistada por el Valencia en La Cartuja. Aquella fue una temporada inolvidable, repleta de momentos felices.
Trece años después
Separados por cuatro puntos en la clasificación, instalados ambos en la zona noble, el Valencia y el Levante ya se miran a los ojos, las diferencias abismales del pasado han desaparecido. Algo es algo. El tirón del derbi empieza a sentirse en el ambiente. Nadie duda de la condición de favorito de los valencianistas, de su interés por meterse en semifinales, de la exigencia de su parroquia por seguir adelante en la Copa, algo que a los ´blaugrana´ no les obsesiona, se conforman con estar ahí, cómodos en el papel de cordero y cediendo la presión a los hombres de Unai Emery. Que les quiten lo bailado, pero desde esa aparente humildad, saben que gozan de una oportunidad única para empezar a nivelar la histórica balanza de fuerzas, tan desequilibrada hasta ahora.
La factura del general invierno
La necesidad imperiosa de jugar este torneo a marchas forzadas, tras el paréntesis navideño, en el ecuador del ejercicio, por culpa de un calendario sobrecargado, condiciona el trabajo de los entrenadores que se hallan atrapados en una disyuntiva y han de elegir entre dosificar energías de cara a los compromisos ligueros inmediatos o arriesgar al máximo en estos choques de ida y vuelta, tan vertiginosos como imprevisibles. Difícil papeleta, sobre todo para Juan Ignacio Martínez, cuya plantilla está más castigada y no dispone del fondo de armario de su colega. El general invierno no perdona y su factura puede repercutir en las prestaciones ligueras.
Sin miedo escénico
El Levante no ha perdido en sus dos últimas visitas a Mestalla y ni siquiera ha encajado un gol. Un dato relevante que explica la motivación de este choque para el conjunto ´granota´. El valencianismo más beligerante va a redoblar esfuerzos porque la grada gane el otro partido, ese que disputan las aficiones. En el último choque liguero disputado en Orriols, el Valencia se impuso sobre el césped y sus incondicionales también ganaron en la animación. Los levantinistas llegan a la cita animados y con afán de desquite. Habrá color y calor que diría García, José María, en los tiempos en los que la radio campaba a sus anchas.
Lavar la imagen
La deplorable imagen mostrada por el Valencia ante la Real Sociedad el pasado sábado exige una reparación. Entonces como hoy, el partido se televisa en abierto para todo el país en horario de máxima audiencia. A los alicientes propios de un choque de estas características, se une la obligación por lavar la pésima imagen ofrecida. La Copa del Rey le brinda al equipo de Mestalla una magnífica oportunidad para rehabilitarse.