Hace sólo quince días que Norbert Haug señalaba orgulloso el logotipo en los monos de los tres primeros clasificados en China: la estrella de tres puntas de Mercedes. La eficiencia del chasis de McLaren y las ventajas aerodinámicas del Mercedes apuntaban un claro dominio de los coches equipados con los motores de Sttutgart. Dos semanas después, Baréin nos ha demostrado que este año, de momento, ninguno de los grandes equipos cuenta con una ventaja abrumadora. El motor Renault tomó el relevo a Mercedes y los tres primeros en el desértico circuito de Sakhir lucían el rombo de Renault en sus monos.
La Fórmula 1 nos ha regalado un inicio de temporada apasionante. Es cierto que estamos justo donde lo dejamos al final de 2011, con Vettel y Red Bull liderando, pero el bicampeón ha sudado para volver a levantar su dedo índice.
Ecclestone puede dar gracias a Pirelli: entender el funcionamiento de las gomas en diferentes condiciones de pista es, para pilotos e ingenieros, un auténtico galimatías y el motivo de tanta alternancia.
Volver a ver a Raikkonen pelear por la victoria fue fantástico, pero perdió la carrera el sábado por su mala califición en parrilla. Kimi puso a Lotus en el podio de nuevo, aunque seguro que lamentó hacerlo en una carrera en que los ganadores brindan en el podio con bebidas de contenido alcohólico cero.
Daños minimizados
Ferrari ha recorrido el calvario hasta Barcelona con la tarea cumplida: perder el menor número de puntos posible respecto a los líderes. Como dijo Alonso tras la carerra de ayer «(…) demasiado tesoro para lo que nos merecíamos». En Montmeló las prometidas mejoras técnicas del monoplaza italiano deberían sustituir a los rombos y las estrellas por caballitos rampantes en lo más alto del podio. Ya veremos.