Este Valencia no se sale nunca del guión, ese es su gran mérito y su peor defecto. Fiel a lo previsto desde hace tiempo, todos los indicios apuntan a que terminará tercero por tercera vez y logrará de paso su gran objetivo: lograr la clasificación directa para la Liga de Campeones. De no mediar una catástrofe en las dos últimas jornadas, alcanzará el título honorífico de primero de la otra liga, eso sí, a una distancia sideral de los que le preceden en la tabla. Esta conquista debe ser valorada en su justa medida, hay que reconocer su importancia y resaltar su enorme valor por el trabajo realizado y por la trascendencia que tiene para el futuro inmediato de la entidad.
Goleadas por sistema
El Valencia se ha dedicado a despachar con goleadas a sus últimos rivales ligueros en Mestalla como si de un trámite se tratara. El cuatro en el casillero local se ha convertido ya en costumbre. Los hombres de Unai han resuelto todos estos compromisos en la recta final, cuando sus oponentes ya han bajado la guardia. Esta constante en el desarrollo y en el final confirma la tendencia de los valencianistas para sacar provecho cuando los partidos se rompen. La facilidad para ampliar la ventaja contrasta con las dificultades sufridas en el primer gol. A partir de ahí, coser y cantar.
La metamorfosis
En tres días, la afición asiste atónito a un choque— el de La Rosaleda— en el que su equipo no dispara ni una sola vez entre los tres palos, a otro en el que se golea. La historia no es nueva y contribuye a confundir más si cabe al personal. El conjunto bipolar, el equipo de las dos caras en pleno apogeo, recibido con pitos y despedido con aplausos, indolente y desfigurado en Málaga, aguerrido y bravo ante Osasuna. Esa metamorfosis permanente ha terminado por anestesiar a la grada, que ha asumido una realidad contradictoria: debería estar satisfecha pero no lo está.
La despedida de Unai
Cuarenta años, que se dice pronto, desde la última vez que un técnico permaneció cuatro campañas seguidas en el banquillo de Mestalla. Con Di Stéfano al frente, el VCF vivió una época de grandes momentos en sus primeros ejercicios y una dolorosa decadencia a partir de su tercer año. Cuando el paso del tiempo permita una lectura más ajustada de la realidad actual, se valorará el trabajo de Unai como el de un técnico que hizo de la regularidad su bandera, un esforzado que mantuvo el fuego encendido en un período muy complejo. Su labor cotizará al alza o a la baja en función de lo que haga su sustituto.
Perfil claro
El relevo en la dirección para la próxima campaña se ajusta a un perfil muy claro, en correspondencia con los tiempos que corren. Se busca un técnico que saque petróleo de una plantilla con calidad y demasiada bisoñez, necesitada de una profunda renovación para mejorar el compromiso de todos sus integrantes y que sea capaz de implantar un patrón de juego que conecte con la exigencia de la grada sin olvidarse de sus señas de identidad, empezando por conseguir que sea menos vulnerable y esté capacitado para salirse alguna vez del guión.