Reconforta encontrar, en el comportamiento del Levante UD, un generador de ilusión en un momento donde la sociedad valenciana y española está inmersa en el desánimo debido a la poca fiabilidad que, en líneas generales, ofrecen los políticos y los financieros. El fútbol, como en los viejos tiempos, toma protagonismo como válvula de escape. Las lágrimas de alegría o de tristeza, según las causas, son el reflejo del enorme capital de ilusión que despierta esta actividad.
La virtud del trabajo
El Levante UD consigue la sexta plaza de la clasificación de la Liga BBVA y un puesto para la Europa League cuando nadie lo esperaba. Una plantilla conformada, para mantenerse en la categoría, ha sabido dar un inmenso salto de calidad y en el próximo ejercicio jugará en Europa. Ha hecho historia y por ello recibe el agradecimiento de una afición que disfruta tras permanecer cruzando el desierto durante años. Y, en ocasiones, con la losa del descrédito a hombros. El logro que ahora se palpa es la consecuencia de las últimas cuatro temporadas. A raíz del Concurso de Acreedores se empezaron a construir unos cimientos cuajados en el trabajo, la honradez y el sentido común. Los delirios de grandeza dieron paso a la sensatez. Ello quiere decir que sólo hay que gastar en función de lo que se tiene. Una premisa vital y no es necesario que venga a imponerla la canciller alemana Ángela Merkel. En los últimos años se supo, con errores incluidos, confeccionar una plantilla de profesionales donde la virtud del trabajo superó cualquier otra circunstancia. Con los pies en el suelo se puede crear también ilusión, como se ha demostrado.
Luis Calero: austeridad
Hace casi una década, cuando el Levante UD retornó a la Liga BBVA (2004), mantuve una conversación con el abogado Luis Calero. Se trata de una persona entrañable y brillante en su actividad profesional. Desde que lo conozco, hace más de 30 años, siempre ha estado al lado del Levante UD e incluso cuando visitaba los campos de la Tercera División. Pues bien, en aquel momento me dijo: «Que no se vuelvan locos», en referencia al Consejo de Administración de entonces. Se volvieron eufóricos… Su inquietud es compartida y asentada en el sentido común. Los que sienten el Levante por tradición familiar, como es el caso de Luis Calero, lo que desean es la continuidad de la entidad y a ser posible evitar los dientes de sierra que tanto han marcado y dañado la trayectoria de este club. Ahora, Luis Calero forma parte del Consejo de Administración del Levante UD que preside Quico Catalán. De ellos se espera que mantengan la dinámica de trabajo y de gestión que tan buenos resultados ha dado. Sus primeras declaraciones van en este sentido. El equilibrio es lo importante. Jugar en Europa es de un mérito extraordinario pero seguir en la Liga BBVA es la gran meta. La felicidad, la ilusión y las ganas de crecer no están reñidas con la realidad. Los edificios sin cimientos sociales y económicos sólidos suelen derrumbarse y arrastran en su caída todo cuanto encuentran en el camino. No creemos una nueva burbuja, que ya tenemos bastantes a nuestro alrededor y todas dañinas. El levantinismo confía en el actual Consejo de Administración y en su esfuerzo por combinar la realidad con la ilusión.