CARLOS BOSCH

La fábula del viejo nuevo Mestalla

La casa de los valencianistas vuelve a sonreír, se siente joven y lo que es mejor, se siente 'to guapo'...

31.12.2014 | 02:30

El viejo nuevo Mestalla no se mira a ningún espejo pero se siente 'to guapo'. Es el estadio más viejo de primera división pero no está cansado, jamás se había sentido tan joven y con tantas ganas de disfrutar a pesar de que más pronto que tarde, o más tarde que pronto -ahora ya le da lo mismo- lo convertirán en escombros. El viejo nuevo Mestalla sonríe a la vida y agradece los doce últimos meses que ha vivido con sus duendecillos chillones. Ya no mira atrás ni adelante, el viejo nuevo Mestalla vive el día a día, apura sus últimos partidos y solo piensa en el domingo día cuatro de enero.

Hoy cuenta las horas para que desde todas las calles de su alrededor vayan apareciendo sus duendecillos chillones con bufandas, banderas y camisetas. Son «míos» dice, «los conozco a todos...». Los imagina felices y dispuestos a chillar como nunca ante el gran rival. El viejo nuevo Mestalla pensaba que las grandes tardes y noches con sus duendecillos chillones habían terminado para siempre. Los conoce mejor que nadie y sabe que estaban tristes, que iban a los partidos sin ilusión y por pura inercia, y hasta pensó que llegaría el día en que le dejarían solo... Ahora el viejo nuevo Mestalla disfruta de nuevo; han vuelto. TORNEM...

Por allí llegan Paco y Amparo. Paco se ha jubilado y sus nietos son la ilusión de este entrañable matrimonio. Sus nietos y el Valencia, claro; Paco y Amparo no han fallado a ningún partido en los últimos veinte años. Vaya, hoy Toni el 'sabut' -como le llaman los vecinos de tribuna- llega tarde: 'Perdonad pero es que la paella...' dice mientras molesta al resto para ocupar su asiento de toda la vida. Más allá Pepe y su hijo suben por la torre felices y exultantes. Al pequeño Nando le trajo Papá Noel una camiseta del Valencia, la naranja, y la estrena hoy, ante el Real Madrid... ¡qué felicidad! Mientras, en anfiteatro, César vive pendiente de la radio, a César la encanta la radio pero le han prohibido que cante los goles porque le quita emoción al momento más esperado. En su sector ha habido cierta bronca con ese asunto y creo que con razón. '¡Hombre, por allí vienen dos nuevos!' Lo que más le gusta al viejo nuevo Mestalla es detectar nuevos duendecillos chillones. Lleva unos minutos pendiente de ellos y con un vistazo ha averiguado que el padre se llama Luis, que el hijo es del Real Madrid y que Luis lo lleva a Mestalla para que niño se haga del Valencia. El viejo nuevo Mestalla sabe cómo hacerlo porque lo ha hecho miles de veces... 'Cuando termine el partido ese niño será valencianista, de eso me encargo yo' dice con una sonrisa malvada... '¡Madre mía qué ambientazo hay en el vestuario!, como en la época de Ayala, Baraja, Albelda, Cañizares, Rufete y Carboni. Hoy ganamos', susurra convencido al ver las caras de Negredo, Alcácer y Otamendi. Alves habla con Javi Fuego sobre aspectos tácticos y defensivos, André Gomes y Parejo se guiñan un ojo y Gayà trata de mantener la concentración. Y Mustafi... bueno, Mustafi siempre hace la misma cara, ¡este chico es de hielo!'.

Ya lo ven, el viejo nuevo Mestalla se siente joven pero es mayor y no puede evitar una lagrimilla cuando recuerda lo mal que sus duendecillos lo han pasado en los últimos años. Si ellos sufren, él sufre. Como ese día de agosto en que hacía mucho calor y dormía la siesta tan ricamente y aparecieron de repente duendecillos chillones por todos las calles... '¿qué hacen estos por aquí si hoy no hay partido?' pensó. Cuando iba a abrir las puertas convencido de que había sido un despiste suyo y que realmente había partido en pleno verano, se dio cuenta de que los chillones se habían citado allí para otra cosa. Ese día estaban enfadados. Nunca los había visto así. Aquello le preocupó. No le gustaba verlos enfadados y preocupados... Luego supo que con un par de pelotas -el viejo nuevo Mestalla es educado y no dice cojones- ese día los duendecillos chillones salvaron al Valencia de especuladores, banqueros y políticos. ¡Qué orgulloso está de sus duendecillos el viejo nuevo Mestalla! Por eso ahora sonríe y despide el año recordando el día en que Paco, su favorito, se hizo mayor para toda la vida y con sus tres goles brindó a los duendecillos el día más feliz de los últimos años. ¡Cómo chillaban emocionados con la remontada al Basilea! El viejo nuevo Mestalla ha vivido y disfrutado muchos partidos y ese lo tiene guardado en su pequeño rincón para los recuerdos, ese rincón donde Baraja se tira en plancha dentro de la portería tras marcar el gol de la remontada ante el Espanyol, donde Kempes galopa con su melena al viento con los brazos levantados, donde Claramunt imparte clases de jugar a fútbol y donde Puchades emerge como un coloso... ¡Los elegidos!

El viejo nuevo Mestalla ha visto a los mejores jugadores del mundo correr sobre su césped pero sus favoritos son los chavales, los jóvenes que debutan nerviosos. Sabe que él les impone, que la primera vez que juegan allí para ellos es como un examen y trata de ayudarles. Sufre con ellos y sopla disimuladamente para que no fallen un pase o que su centro tenga la dirección correcta. Al viejo nuevo Mestalla le gusta que los chavales triunfen y cumplan sus sueños de ser futbolistas del Valencia. 'Últimamente vienen chicos nuevos y la verdad es que lo hacen muy bien', dice que algo está cambiando y que le gusta. El viejo nuevo Mestalla mira atrás y reconoce que ha sido un año duro pero bonito. Ha aprendido que hay cosas que solo se ven si pasas cerca del abismo y sonríe porque sus ojos se han cansado de ser llanto. Ahora disfruta con lo que antes no supo valorar. PD: Feliz año amigos. Y recordad que el viejo nuevo Mestalla os espera el domingo día cuatro, no le falléis... duendecillos. AMUNT !

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