13/015/2016

Viernes 13, pesadilla en Mestalla

Muchos han sido los protagonistas de esta mala película de terror

13.05.2016 | 19:07

Como si de una entrega más de la patética saga cinematográfica Viernes 13 se presenta el partido de esta tarde en Mestalla, que cierra una temporada terrorífica para los valencianistas. Muchos han sido los protagonistas de esta película para olvidar, pero sin duda Nuno Espírito Santo sería el Jason Voorhees de la saga, el asesino -entiéndase el símil- que se carga a todo lo que se mueve, mientras que Gary Neville interpretaría el papel de Freddy Krueger, el que acabó de rematar la obra de Jason. No hay duda que el denominador común de estos dos actores es su director, Peter Lim. Él los eligió a los dos. Y, seamos justos, también al héroe del film, a Pako Ayestarán, aunque en este caso contó con el asesoramiento de Suso García Pitarch, el director de reparto que llegó con la película empezada, pero afortunadamente a tiempo para evitar el trágico final al que estaba abocada.

Estreno
De los creadores de Viernes 13 y Pesadilla en Elm Street se estrena esta tarde ´Viernes 13, pesadilla en Mestalla´, el ansiado final de una horrible campaña que el Valencia ha ofrecido a sus aficionados y que, por fin, hoy se acaba. La gran motivación para acudir esta tarde a Mestalla es ver en acción a Carlos Soler, una de las grandes esperanzas del valencianismo junto al sorprendentemente olvidado Fran Villalba. Soler está llamado a convertirse pronto en actor revelación, pero todo dependerá del director que tenga el año que viene. Si es Ayestarán, todo apunta a que el chaval será jugador de primera división.

Entrenador ´pepino´
Se está haciendo larga la elección de entrenador. Al menos es una sensación, porque la decisión posiblemente estará ya tomada. No sé si le pasará a usted, pero hay días que me levanto y estoy convencido de que el elegido es Ayestarán y hay otros que visualizo el comunicado oficial del Valencia CF con un nombre de entrenador ´pepino´, término acuñado por el redactor jefe de este periódico, Carlos Bosch, y que define a la perfección a ese perfil de entrenador de renombre que merece por fin el Valencia tras años y años perdidos buscando al Guardiola de turno€ El caso es que escuchando, y sobre todo, viendo a Ayestarán ayer en Paterna me dio la sensación de que el entrenador está disfrutando de esta surrealista situación. Transmitió tranquilidad y no esquivó ninguna pregunta. O bien sabe seguro que no sigue o quizás ya ha renovado y disimula su emoción como nadie. ¡Qué enigma!

A hacer caja
Está claro que no jugar en Europa la próxima temporada supone un menor presupuesto y en consonancia una reducción del coste de la plantilla, no hace falta que venga Javier Tebas a decírnoslo. Pero nadie pensaba que el Valencia de Peter Lim también iba a ser un club vendedor, como ha sucedido en las últimas décadas. Yo pensaba que con Lim, los jugadores destacados se quedarían y a ellos se les unirían otros iguales o mejores cada año hasta formar una plantilla que luche por ganar la Champions. Eso es lo que se nos vendió. Y hemos llegado al punto de que André Gomes o Mustafi están en la pole position del capítulo ventas para hacer caja. ¿Por qué no venden a otros jugadores que han demostrado que no sirven para el Valencia y con la suma de todos ellos cuadran el presupuesto? Se podría hacer una buena replegà. Ni la falla de mi barrio, oiga.

Maletines y el karma
Está Javier Tebas obsesionado con perseguir maletines, que al fin y al cabo fomentan la victoria, y no le llaman la atención resultados como el 1-4 del Pizjuán entre el Sevilla y el Granada. El gesto de Beto en el penalti de Al Arabi que suponía el 1-3 es cuanto menos llamativo. «Tirámelo por ahí», parece que le indica el portero al lanzador. Y por si acaso, se lanza hacia el otro lado bastante antes del disparo. Alucinante. Beto, ese viejo conocido de Mestalla que dejó al Valencia sin Alcácer para la vuelta de la fatídica semifinal simulando una agresión, y que provocó a la afición valencianista señalándose un garrulo tatuaje de la Europa League que escondía debajo de la espinillera. A cada cerdo le llega su San Martín. A Beto no tardará en llegarle. El karma.

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