El canto de las sirenas

Alcácer se enfrenta al bendito problema de ser tentado. Ser o no ser

15.08.2016 | 15:34
El canto de las sirenas

En ocasiones, la vida te pone pruebas, tentaciones, llámalo equis. Me refiero a situaciones en las que uno tiene que vencer las ganas de optar a un beneficio aparente, ya sea para el cuerpo, para el bolsillo, para el ego o, en definitiva, para el goce inmediato, pero que a la larga va a ser perjudicial para el alma. Le pasó a Jesús en el desierto, también a Zaratustra y, por supuesto, a Ulises en La Odisea. Hay que vencer el canto de las sirenas de vez en cuando en la vida, y todos nos enfrentamos tarde o temprano a ellas. En el fútbol, dicho canto lo entonan equipos como el Madrid o el Barça. Pero en este último caso, para un delantero es aún más gravoso el asunto. Alcácer se enfrenta al bendito problema de ser tentado, como un dios o un héroe pagano. ¿Ser o no ser?

Tararí
El Barça busca un tío que sea tan bueno como para jugar en su equipo pero que se coma los mocos en el banquillo, porque ahí juegan por decreto-ley un brasileño, un uruguayo y un argentino. Como si fuera un chiste. ¿Sinceramente? El problema lo tiene el Barça, no el Valencia. Nolito, Vietto, Gameiro, Dembelé o Bacca les han dicho tararí que te vi. Desde esta perspectiva, sería bueno que el ego de Paco tuviera en cuenta que es la sexta o séptima opción de los blaugranas. Si se va, será suplente y perderá opciones en la Roja, ahora que hay revolución en el banquillo. ¿Es joven? Sí, pero un fichaje por el Barça le distraería unos cuatro años en los que, sin duda, ganaría títulos. Que los ganara él desde dentro del campo está más que difícil.

Memento Mori
Lo del ego -de Paco o de quien sea- lo digo con el debido respeto, porque tener ego no es sólo bueno, es necesario. Y para triunfar, imprescindible. Lo único que hay que hacer en la vida es auditarse el ego de vez en cuando. Todos debemos hacerlo, para que no te devore el alma. A falta de autogestión, convendría un representante que le susurrara a un jugador al oído lo que el siervo que sostenía la corona de laurel le decía a César a su paso por las calles celebrando sus victorias: «Memento mori... Memento mori...» (¡Recuerda que eres mortal! ¡Recuerda que eres mortal!). Pero claro, en este mundo de cartón piedra que es el fútbol son los representantes, precisamente, los que van tentando el ego de los jugadores con ofertas y cifras que desconciertan a los futbolistas y a la grada. Si sirve de algo este lío es para que el jugador pueda exigir titularidad: quedarse para comer banquillo, como la temporada pasada en momentos clave, es una invitación a tomar el Euromed.

Centrocampistas
Un ejemplo de mala gestión del ego (por el jugador, por los representantes o por quien sea) es la de Parejo, que tuvo que retractarse y envainársela, tras un pulso al tendido. La afición fue inexorable en el Naranja y bajó el dedo: a los leones. La papeleta fue de aúpa, pero estoy convencido de que el jugador revertirá la situación. Porque la pitada ya no afecta sólo al ego, sino a la dignidad. Es la mejor espuela para una reacción. Ahora que el jugador ha decidido ponerse las botas, y con la ventaja de ser el ojito derecho del míster, sólo queda sudar. Con la calidad que tiene, si corre lo que tiene que correr y se echa el equipo a la espalda, será uno de los fichajes del año. Eso sí, junto a Medrán. Potencia, calidad, disparo, desplazamientos largos al pie...«Este chico me recuerda a...¡Tomás González!». Sí, han leído bien (oído en la grada).

Años
Parece que Medrán ostenta como valor añadido la puntería. Tiende también a desaparecer ocasionalmente de los partidos. Pero eso se arregla cumpliendo años. El tiempo pone a cada cual en su sitio. Como a Españeta, que se fue en loor de multitudes. Menos mal que decidió despedirse en la presentación alzando los brazos y no tocando balón. Porque si se pone a dar toques deja a la plantilla en evidencia. Un prodigio, un virtuosista, un profesional y un auténtico valencianista. Que te quiera todo el mundo de esa manera no es casualidad. Mestalla es su casa y el sábado se volvió a constatar, con ovación de gala. También quedó patente el grado de mejora del equipo. Salvando la contra que abrió el melón a favor de la Fiorentina (ya saben, tocamos mucho, nos pillan mirando a barlovento, metemos la pata en defensa y gol) recuperamos brillo.

Caso Mir
En la grada se escuchan verdades: delante tenemos opciones pero detrás somos un desastre. La pitada a Abdennour y Santos no es baladí. Queremos dos centrales buenos. Pero, por ahora, sólo informamos de bajas. La última, la de Javi Fuego. Se le agradecen los servicios prestados. La edad no perdona, y un equipo en la búsqueda de élite necesita un renovación permanente. Pero no veo fácil el sustituto en la plantilla. Layhoon entonó el mea culpa ante las peñas pero tampoco detalló los cambios en el mapa de ruta. ¿Quién viene? Quedan cuatro días y destacan Lato y Mir. Este último dio el trofeo. Curioso, debutó una tarde fría en Rusia frente al Zenit. Ha jugado en Champions, Europa (Rapid) y Copa (Barakaldo) pero está inédito en la Liga. Quizá sea el próximo héroe. Tenemos sed de ellos. Por eso en Mestalla seguimos aclamando al Piojo López, como si fuera ayer. Porque el que vence a las sirenas y consigue triunfar se convierte en inmortal.

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