Juan Mata ya no es el chaval que vino hace dos temporadas gracias a la labor de Amedeo Carboni con el permiso del Real Madrid, incapaz de ver en él lo que valía. En las dependencias del Santiago Bernabéu aún están buscando culpables, pero esperemos no tirarnos de los pelos próximamente por no valorar en su justa medida lo que se tiene entre manos. A Rafa Benítez, como inicialmente le han trasladado a Juan Mata, le ofrecieron una mejora salarial del diez por ciento cuando había firmado en su currículo la etapa reciente más gloriosa del club y él era de los técnicos peor pagados de Primera porque venía de subir al Tenerife… Su salario empezó acorde a su bagaje y acabó siendo precario, por eso decidió marcharse. Mata llegó al club siendo un juvenil que aún no había debutado en Primera División y ahora su nombre está bien apuntalado a la selección Absoluta, donde ya ha participado en la Copa Confederaciones y apunta al Mundial de Sudáfrica. Su salario sigue siendo el mismo y no es justo. Más allá de que la situación económica de la entidad no es la ideal, él no tiene culpa que haya compañeros o trabajadores en la institución con salarios poco acordes a su rendimiento, quizá a ellos habría que apretarles de un modo u otro, aunque Juan sigue con un comportamiento exquisito dentro y fuera de los rectángulos de juego, siempre pensando en el bien de la entidad.
Manuel Llorente no debe entrar al juego de aquellos representantes que vaticinan ofertas que se pierden por el camino en busca de una renovación, pero debe ser lo suficientemente inteligente —y lo es— para buscar de algún rincón el dinero que Mata se merece. La persona aprende con la experiencia y seguro que el presidente no deja escapar ahora a otra perla…