La historia en el fútbol sólo tiene cabida en los manuales, el pasado reciente tampoco ayuda a los jugadores. Si hay un futbolista dolido en la plantilla, a quien ahora deben calmar para evitar que explote y pueda arrepentirse después, ese es Alexis Ruano. En unos días pasó de ser el «jefe de la defensa», términos que utilizó Unai Emery cuando habló con él, a considerarse un afortunado si entra en la convocatoria en un partido de liga. La prueba está en Almería, cuando era el descartado hasta que Mathieu sintió molestias en las costillas tras el calentamiento… El rostro que tenía hablando por teléfono antes del partido era un auténtico poema, porque quiere sentirse importante y se siente señalado. Desde que abandonó la titularidad, después de medirse al Atlético en la jornada cinco, el VCF no ha encajado ningún gol. Alexis no ha sido el único en salir del equipo por decisión técnica, también Moyà, es cierto que ambos combinaron aciertos con errores, pero ahora Unai debe llevar el asunto con inteligencia para volver a maximizar su rendimiento y no insultarle con cariño en un entrenamiento. O si lo hace, que lo haga con todos. Sigo pensando que el técnico de Hondarribia no trata a todos por igual, a unos sí les permite ciertas cosas que prefiero no abordar, y Alexis está en el lado contrario, lo que no significa que en su día su suplencia no estuviese justificada, igual como tampoco es justo que se le señalen con el dedo.
El mensaje de Unai es claro: «que tenga tranquilidad y cuando vuelva demuestre que ese puesto es suyo». Ni los más optimistas se esperaban el rendimiento de Dealbert, que fichó con la idea de tener un papel secundario pero es fijo en el once inicial. Jugar es caro, pero hay que tener enchufados a todos.