Radomir Antic sabe moverse con los medios de comunicación como pez en el agua y cuando necesita el apoyo de la grada para que canten acaloradamente «Radomir te quiero», echa mano de su chequera, hasta ahí nada reprochable. Lo que es intolerable, aunque no toda la culpa es suya, es que le comunique a Nicola Zigic que va a ir al Mundial sí o sí, aunque escaseen sus comparecencias con la camiseta del Valencia. ¿Qué postura va a adoptar el ariete serbio? La fácil. Su sonrisa va camino de convertirse en perenne, da lo mismo si juega mucho, poco o nada y el principal perjudicado no es otro que el club que le paga: el VCF que preside Manuel Llorente.
¿Cómo se puede cortar el asunto? No me lo veo imitando a Jesús Gil y Gil, a quien no le importaba nada castigar a un jugador enviándolo a la grada si así lo consideraba oportuno. El VCF está obligado a fichar a futbolistas competitivos y disconformes si tienen un rol secundario, pero no rajando públicamente como tanto les gusta a algunos periodistas «constructivos que buscan el bien del VCF», sino con trabajo y dedicación plena. En la ciudad del Turia se vive muy bien, están en un club grande, sus contratos los pueden asumir pocos equipos de la liga… pero entiendo a Unai cuando dice que a Zigic hay que buscarle una salida.
Viéndolo en el Racing te das cuenta de que es un futbolista aprovechable, pero con la actitud que tiene a día de hoy no. ¿Y qué hace el club si el delantero no se quiere mover aunque le ofrezcan jugar más partidos e incluso ganar más dinero? Lo mínimo que debería tener Nicola si decide seguir luciendo la camiseta del VCF es dejarse la piel y no estar totalmente relajado, disfrutando la vida, porque pase lo que pase va a ir al Mundial de Sudáfrica. Mal favor le hace Radomir Antic.