PABLO TARANCÓN
Jordi Alba tenía ante Portugal la prueba más dura de toda la Eurocopa y la solventó con sobresaliente. La banda derecha lusa, con el valencianista Joao Pereira y Nani, era una de las principales armas ofensivas del combinado de Paulo Bento, pero apenas crearon peligro en los 120 minutos que duró el partido. No fue el mejor partido de Jordi, pero, aún en un día en el que no estuvo al máximo, fue uno de los mejores de España y del partido.
Comenzó creando asociaciones en banda con Iniesta que desarbolaron en varias ocasiones a la defensa portuguesa. Sin embargo, conforme los lusos fueron creciendo en el encuentro su figura se fue diluyendo en la espesura de un partido que apenas tuvo ocasiones de gol hasta que el físico dejó paso a la calidad individual. Por eso, los mejores minutos de Jordi fueron en la prórroga. El despliegue del catalán fue tal que parecía el único al que le quedaba gasolina de los 22 jugadores que había en el campo, incluso los que habían entrado de refresco. Para el recuerdo quedará la jugada en la que, falto de apoyos, decidió comenzar a regatear portugueses hasta que apuró la línea de fondo para dar un pase espectacular atrás ante el que Iniesta no estuvo acertado para haber puesto a España por delante, y casi sentenciar el duelo. Aún tuvo otra, pero ayer los goles sólo llegarían de penalti.
En su duelo particular con Joao Pereira salió victorioso, aunque el nuevo lateral del Valencia estuvo firme he hizo que tanto Iniesta como Pedro no estuvieran ni un instante cómodos. Sin embargo, el portugués pudo haber sido expulsado, precisamente por una dura entrada sobre Jordi Alba, que el colegiado no vio y ni siquiera señaló falta. Al final, Pereira se despide de la Eurocopa después de haber cuajado un torneo más que interesante, rindiendo a un nivel superior que el resto de candidatos al lateral derecho valencianista, y dejando un buen sabor de boca en la parroquia blanquinegra.
En cuanto al partido en general, Portugal fue la selección que más problemas le generó a la Roja. Tras unos primeros diez minutos algo dubitativos, el férreo sistema diseñado por Paulo Bento se impuso y desconectó los principales pasillos ofensivos de los de Del Bosque. Con Pepe y Bruno Alves contundentes como nadie y los tres mediocentros cortando cualquier tipo de combinación, España sufrió hasta que a Portugal le empezaron a fallar las fuerzas; y eso no fue hasta la prórroga. Aun así, los españoles habían agotado también hasta la última gota de gasolina que tenían en el cuerpo, por lo que los penaltis fueron inevitables. Lo que pasó después quedará para la historia.