J. MONTORO / C. BOSCH
El ex presidente del Valencia ha sido uno de los pocos privilegiados que han podido vivir el mayor éxito en la historia de la selección española desde dentro, al lado de los futbolistas cada día, viviendo con ellos cada hora y casi cada minuto en el stage de Austria, en la concentración de Potchefstroom, en los largos viajes... Cómo se remontó el vuelo tras el fiasco de Suiza, las dudas del seleccionador, los debates, los cambios con respecto al modelo que dejó Aragonés... Son muchas vivencias que nos ayudarán a entender las claves del éxito de ese equipo y que Pedro Cortés desvela en esta larga entrevista cuya segunda parte publicaremos mañana. Le llaman el talismán, ganó la Eurocopa y ha ganado el Mundial.
Bueno, señor Cortés, ¿y a usted cómo se le ha quedado el cuerpo después de ser campeón del mundo y darse un baño de multitudes en las calles de la capital?
—Pues con mucha alegría porque jamás había visto tanta gente celebrar un triunfo pero, si te digo la verdad, empezamos con mucha angustia. Llegas allí con un buen equipo, con ilusión, ves entrenar al equipo, un toque, dos... y te vienes arriba, pero llega Suiza y te gana. ¿Cómo lo ves?
—Dígalo usted que lo vivió desde dentro, ¿cómo fueron de verdad aquellos momentos?
—Esa noche la cena era un entierro, pero sea como fuera los que estábamos al lado de ellos teníamos que intentar levantarlos. «Venga va, que esto va a hacer que ganemos el Mundial, ahora sabemos que hay que apretar porque si no cualquiera nos puede ganar...», empiezas a inventarte historias porque ellos son muy grandes, pero tienen 23 años y cuando tienen un conflicto de este tipo pues no es que se hundan, pero buscan alguien que les eche una mano.
—Ese mismo día después de la derrota, en una entrevista a SUPER, dijo que veía a España más favorita que nunca. ¿Lo creía de verdad o era lo que había que decir?
—Había que jugar contra Honduras y si empatábamos nos mandaban a casa y era una lástima, porque estábamos viendo que el nivel técnico no era grande, aunque los partidos se ganaban con mucha dificultad, eran todos partidos muy intensos, trabados, mucho marcaje... Chile, Paraguay, después Portugal, de nuestras cenizas fuimos saliendo. No soy técnico, pero tú tienes que transmitir siempre lo que dices. Si yo digo «ahora somos más favoritos que nunca» y pongo cara de jueves nbadie me va a creer, pero si yo les digo «ahora es cuando vamos a ganar el Mundial» —eleva el tono y golpea la mesa una y otra vez con los nudillos— es otra cosa, hay que transmitir esa ilusión y ese optimismo porque en el fondo son chavales que están esperando que les digan que son unos fenómenos y que van a ganar.
—Y funcionó la táctica...
—Y sabes qué pasa, que después son ellos los que te lo transmiten a tí cuando van cogiendo aire. Fíjate la paradoja, porque por ejemplo el día de Portugal que a lo mejor no todos lo teníamos claro, venían ellos y te decían «a estos les vamos a ganar, a Cristiano lo mandamos para casa...».
—Pero, en el fondo, ¿se creía Pedro Cortés la película que les estaba contando a los jugadores?
—Son cosas que tienes que querer creértelas. Yo tenía que creer en lo que yo decía, aunque yo también tenía mis dudas. Estaba Brasil, Argentina, Alemania, Holanda... Había muchos equipos vivos y lo de ganar el Mundial era muy difícil, pero había una cosa que era cierta y que yo desde siempre se la decía al míster: «que seas el mejor no quiere decir que vayas a ganar, porque cada partido es una historia, pero en calidad nosotros somos los mejores».
—¿Y en algún momento los que estaban alrededor del equipo vieron que todo se podía ir al traste?
—No, no, en ningún momento. En el fondo siempre confiamos en los jugadores, que son gente joven pero la mayoría ya muy experimentada. Iniesta, Xavi, Sergio Ramos, Villa, Silva... son muchos de ellos jóvenes pero todos curtidos en mil batallas. Los únicos que venía más de nuevos eran Pedrito y Busquets, que son de otra generación, pero ya se ha visto el rendimiento que han dado a la hora de la verdad. No, en un Mundial en cualquier momento te pueden echar, pero dudas del equipo en ningún momento.
—Se habla mucho de las claves del éxito de este equipo más allá de la calidad de los jugadores. ¿Cuál es para usted el gran secreto del éxito?
—Cuando tú eres presidente del Valencia, aunque alguna vez coincides en el avión, tú estás aquí y el equipo en otro sitio. Allí nosotros desayunamos, comemos, cenamos, nos reimos juntos, es ahí cuando te das cuenta del grupo de chavales que tienes. Convives con ellos, sabes cada uno como es, sabes quien tiene mal despertar por la mañana, quien siempre está de buen humor, a quién le afecta más estar en el banquillo o si un día le dan el peto de suplente en el entrenamiento. Todas esas cosas se van venciendo poco a poco y cuando llevas ya diez días allí las cosas empiezan a rodar, es cuando se dan cuenta de que aparte de jugar a fútbol hay que convivir durante mes y pico allí dentro, que la convivencia va a hacer que eso funcione o no funcione, es fundamental. Los mismos jugadores se dan cuenta de que o convives o estás fuera de concurso. Llega un momento en que todos tienen muy claro que los que están allí son los mejores, que son tan buenos los que juegan como los que no juegan, y que la decisión del entrenador es que juegue un equipo y se acabó, no hay más.
—¿Y a Del Bosque lo ha visto con muchas dudas a la hora de decidir el equipo que iba a jugar?
—Yo no sé las dudas que pueda haber tenido Vicente porque no se las pregunto, pero todos los entrenadores tienen dudas, todos. Haces una alineación y siempre te queda la duda de lo que podrías haber hecho. Pero vamos, yo creo que en síntesis los cambios que ha hecho Vicente han estado acertados.
—Hablando de los cambios, ¿cuál ha sido el gran acierto de Del Bosque?
—Eso es una opinión mía, España es fuerte cuando tiene el balón, no hay nadie que la maneje ni tenga los criterios y la actitud que tiene este equipo, ni siquiera Brasil. Mira que es difícil, eh, que son los reyes. Ni Brasil. No quiero decir porque lo he visto acertado en todos los cambios, pero si quitas a Fernando Torres y metes un jugador en el medio campo que no tenga llegada, ganas en el medio campo pero pierdes arriba. Por eso cuando quitas a Torres pero metes un punta que te baja al medio campo y sumas uno más, y encima ese punta tiene la habilidad de que toca y se mete y tiene mucho peligro, incluso tiene gol, entonces ganas en el medio campo y ganas en ataque. Fue el cambio más importante porque el equipo español volvió a ser el dueño de los partidos.
—Y más allá de cambios puntuales de un jugador, ¿qué diferencias ha habido en cuanto al concepto del juego entre este equipo y el que ganó la Eurocopa con Luis?
—Del Bosque ha asegurado más porque esa es su manera de ver el fútbol. Luis jugaba sólo con Marcos Senna y por delante centrocampistas de otro tipo como Iniesta, Xavi, Silva, Césc Fàbregas, digamos que arriesgaba un poco más, pero a Vicente le gusta más asegurar cuanto menos el 0-0, jugar más resguardado con dos centrocampistas como Busquets y Xabi Alonso y, si lo miras, sólo nos han marcado dos goles en todo el Mundial y por accidente. Del Bosque asegura más el 0-0, esa es toda la diferencia.
—Pues de esa diferencia han surgido aquí ríos de tinta por no hablar de minutos de radio y televisión...
—Pero no es así porque, en síntesis, no ha sido tan diferente el juego. No quiero decir ni de quién es el mérito ni de quién no, ni me voy a remontar a la época de Cristóbal Colón para hablar de este modelo, porque al final quien marca de verdad cómo juega la selección española es el organizador, el cerebro, y ese es el mismo ahora que hace dos años.