OBITUARIO

El último adiós a dos ilustres de la vaqueta

El colectivo de la pilota valenciana despidió ayer a los desaparecidos Juliet d´Alginet y Antonio Miralles ´Canana´

09.11.2015 | 13:26
Canana junto al Genovés.

El colectivo de la pilota se desayunaba el sábado con la triste noticia del fallecimiento de Antonio Miralles ´Canana´ y por la tarde la congoja aumentaba al conocerse la desaparición de Julio Palau Lozano, ´Juliet d´Alginet´. El sepelio de los dos ilustres del deporte autóctono tuvo lugar ayer en los municipios de Genovés y Alginet respectivamente.

Juliet d´Alginet será reconocido para la posteridad como una de las mayores figuras del trinquet. Nacido en 1925, a los veinte años ya gozaba de la condición de primera figura.

En la primera etapa de su carrera su principal rival fue otro mito, Alberto Arnal el ´Xiquet de Quart´, por aquel entonces el mejor de la nómina de pilotaris. Años después, Juliet tomó su relevo.

Tras dominar claramente durante los años cuarenta y cincuenta Juliet tuvo que ´pelear´ por mantener su condición de número uno con otra leyenda, Antonio Reig Ventura ´El Rovellet´, al que le acabó uniendo una gran amistad; eran como hermanos. Tras su retirada en 1968, ´Tonín´ se convertía en el sucesor del maestro.

Aunque menudo y sin una pegada especialmente violenta, Juliet sometía a los rivales con su técnica exquisita que le permitía dirigir la vaqueta a su antojo. A esto hay que añadir su carácter: era un señor y un caballero.

Descubrió al más grande
Canana también forjó su leyenda en el trinquet pero sin vestir de blanco.

Su mayor hazaña fue la de convencer a un joven de su pueblo, Paco, el hijo pequeño de la Tía Carme y de Josep el ´Teuler´, a dedicarse al deporte de la pilota.

No fue tarea fácil ya que en casa del espigado chaval, huérfano de padre a los doce años, el dinero no sobraba y era menester trabajar para aportar a la economía familiar. Pero Canana insistió. Y al poco, Paco se convirtió en El Genovés.

Además está su trayectoria como trinqueter. Canana gestionó durante décadas un buen número de recintos con firmeza pero también con mano izquierda. Y es que tenía un don: se ganaba al público y a los jugadores con su carácter socarrón e infinita simpatía.

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