J. V. BELDA
—Tras su exitoso debut, ¿cómo afronta su segundo Dakar?
—Llegar hasta aquí ha sido un poco fortuito, fue mi patrocinador el que se empeñó, a pesar de los 54.000 euros que calculé de presupuesto. Pero con 22.000 ya cubiertos, en noviembre me dice que tenía medio millón de euros enganchados y que no le pagaban, con lo que decido no embarcar la moto. Pero casualidades del destino, mi patrocinador Mediterranea-Everest pone más ganas que yo en este Dakar y reúne la mitad de lo que faltaba. Y a finales de diciembre pude enviar la moto en un vuelo.
—Pero aún le falta dinero...
—Con eso lo único que conseguí fue comprar una moto nueva y montarle mi kit de rally de segunda mano, adaptarlo a las novedades que han salido, y tener el viaje. Pero me voy sin asistencia, casi sin recambios, simplemente con la experiencia del primer año. Aunque con mejor moto, porque esta está pensada para los rallys, y la GasGas que usé el año pasado era una de enduro adaptada.
—¿Qué expectativas tiene ante este panorama?
—La idea era ir con buen material y buena preparación física, pero lo de noviembre lo trastocó todo. Me voy con tres ruedas para toda la carrera. El año pasado cambiaba cada día el juego de neumáticos, y este año me tiene que durar tres días cada juego. Este año es más a la aventura. Llevo una Yamaya 450, creada por Jorge Velayos, que pesa 15 kilos menos que la competencia, y es incluso más rápida que la de Fretigné, piloto oficial. El problema es que tengo que conservar esa máquina durante 9.000 kilómetros.
—¿Espera un Dakar más complicado en recorrido y dificultades?
—Sinceramente, sí. El año pasado no pude comparar, pero todos decían que era el más duro que se recordaba. Pero salvo tres etapas que sí fueron duras y hubo gente que durmió en el desierto, casi todo eran transiciones, no más duras que las carreras en España.
—Pero el Dakar aumentó su lista negra, y ya van 54 muertes...
—Mucha gente asocia Dakar a peligro y muerte, pero yo alcanzo más velocidad punta en las carreras del nacional, donde no tienes más días para recuperar. Accidentes suceden en todas partes. Isidre Esteve se dejó la espalda en una carrera nacional. Las distracciones en la navegación después de tantas horas se pagan más, pero el ritmo no es más elevado que aquí.
—¿Cómo lo lleva la familia?
—Al no tener mujer ni hijos no tengo que preocuparme, pues salvo que seas profesional, eso te hace pensar mucho en lo que dejas en casa como para tomar riesgos. Sí que está mi madre, que sufre muchísimo. Pero, ¿de qué sirve una vida si no haces lo que quieres? Es como estar muerto en vida.
—¿Habrá un tercer Dakar?
—No. No. Me las he visto demasiado mal para esta segunda, y al final te quitan las ganas. No sé si lograré llegar a la tercera etapa o terminarlo. En 2009 tampoco sentí fuego cuando lo terminé, a pesar de que deseaba correr esta carrera 17 años. Ahora que he hecho el Dakar, prefiero probar otras.