JOSÉ V. BELDA
Julián Villarrubia subió ayer al podio de Buenos Aires como todos los que han acabado esta edición del Dakar, en su caso, por segundo año consecutivo, si bien en condiciones más precarias, que le han hecho revivir el auténtico espíritu de este mítico rally. En los primeros días, un calvario según cuenta, encontró un ángel de la guarda argentino sin el cual no habría logrado finalizar, sobre todo tras el infierno de la quinta etapa, que le hizo llorar por los suyos. Al final, ha acabado disfrutando y peleando con los mejores si bien, una penalización le ha impedido acabar donde merece, entre los 20 primeros. En su blog en la web de Superdeporte nos ha contado día a día su aventura. Mañana, este valenciano de adopción regresa a Requena.
Repite como el sexto español en la general, pero esta vez en el puesto 63. ¿Cómo resume su segundo Dakar, el más auténtico?
—Hace mucho que me olvidé de la clasificación general. Lo defino mucho más duro en lo personal y en lo deportivo. Yo he tenido una cantidad de problemas que me han hecho descubrir un poco más de mí mismo. He encontrado sentimientos que no sabía que existían, aunque los intuía. Y la carrera ha sido más dura, nos ha exigido más, cosa que ha sido para bien, pues en 2009 me pareció un poco light.
—Cuando habla de sentimientos, ¿a qué tipo de ellos se refiere?
—Sentimientos como el que apareció en la quinta etapa, después de arrancar la moto tras quedarse parada. Lloré, no de rabia ni por pundonor, sino por pasión y amor. Lloraba mientras rodaba pensando en mi familia y en los amigos, en qué estarían pensando cuando vieran por el tracking que volvía a estar en marcha... Descubrí una hipersensibilidad desconocida.
—¿Con tantos problemas en esos días, daba por seguro que acabaría?
—En la quinta etapa yo estaba fuera de carrera, y fue gracias a mi ángel de la guarda que logré terminar. Le he regalado la medalla de esta edición porque este Dakar lo he acabado gracias a él. Ya haré una réplica en España.
—¿Quién es ese ángel de la guarda? —Luis Belaustegui, un señor argentino de 45 años, que me localizó a través de ´Facebook´ y me invitó a una cena que organizó para pilotos. Apenas lo conocía, y me ofreció su caravana para dormir. Lo acepté, era algo que me ahorraba. Ahora es un gran amigo. Se ha desvivido para que estuviera descansado. Y eso que sufrí una advertencia por parte de la organización después de que alguien comentara que recibía ayuda externa. A partir de ahí tuve que seguir solo, agradeciéndole el apoyo, pues no quería comprometer a mi equipo de asistencia, XRaids, aunque estos solo me llevaban la maleta.
—¿Él le convenció para seguir?
—Afortunadamente, estuvo la primera semana, que fue terrible. El quinto día acumulé tres averías series y me planté en el campamento a las 11 de la noche. Luis, que conoce a todo el mundo, empezó a llamar a chilenos, americanos... Todos pasaron por delante de mi moto a echar una mano y al día siguiente la tuve lista para correr.
—La Yamaha JVO 450 iba con lo justo pero ha aguantado.
—Tuve que comprar dos depósitos. En la única caída seria que tuve, que marcó la carrera, doblé el colector de escape, y eso me quemó el depósito. Dañé también la araña de aparatos de navegación, cosas que deduces a causa de la caída, que se produjo por tener la cabeza en otro sitio, tras ver a Viladoms caído. De tantas averías, tengo que pagarle a JVO 3.000 euros de recambios y mano de obra.
—¿Cuál fue el peor momento?
—El quinto día, sin duda, cuando desarmé la moto casi por completo en dos ocasiones. En el primer track marcaba el décimo mejor tiempo, y en el km 94 perdía hora y media parado sacando el carburador, limpiándolo y volviéndolo a montar. 150 km más adelante, vuelta a parar y otra vez lo mismo, y en los últimos 150 se cae la araña, los cables, y a sujetarlos con bridas... Aquel día pensé que no terminaba. Aún lloré otra vez cuando la moto no quería arrancar y no funcionaba nada en absoluto.
—¿Todo eso se olvida con la satisfacción de llegar a Buenos Aires?
—El año pasado no supe lo que había hecho hasta que llegué a casa. Pero la satisfacción es hoy mucho mayor que el mismo día del año pasado, aunque lo realmente bueno llega en España.
—¿La organización se ha cebado con los pilotos españoles?
—A la organización le doy no más de un ocho. Pecan de no escuchar a los pilotos. Mucha gente ha sido penalizada injustamente, como en mi caso, seis horas de castigo por culpa de un GPS que fallaba. Me pasó a mí y a otros 40 pilotos. Deberían ser más tolerantes. Respecto al neumático de Coma, aunque tenga mi opinión particular sobre si lo ha hecho o no, la organización necesita una prueba fehaciente. Nadie tiene video y fotos viendo cómo le cambian la rueda...
—Císcar se cae, Segarra rompe el motor, Pellicer se cae, y Villarrubia acaba. Pocos habrían acertado la quiniela valenciana...
—Quizá se equivocó mi madre al llevarme a Requena con solo dos años y debía haberme quedado en Utiel, donde son más cabezones. Porque si seguí y no abandoné en la quinta etapa es por cabezón.
—La grave caída de Luca Manca y la muerte de una espectadora atropellada por el coche de Surtis han empañado el Dakar. Otra vez...
—Lo de la mujer es lo más terrible. Lo de Luca Manca... Somos pilotos, y a veces nuestro deseo de progresar nos lleva a cometer errores y eso fue lo que le ocurrió. Sé que despertó del coma hace un par de días, le han quitado la respiración asistida y empieza a reconocer a gente, pero habrá que esperar porque ha estado rozándola. Ojalá quede en una simple anécdota.
—¿Repetirá en 2011?
—Durante la carrera surgen un montón de ideas pero yo no puedo. No voy a conseguir pagar lo que debo del Dakar. Y empiezo a conocer cómo funciona esto. Me dejé llevar este segundo año pero no puedo volver a dejarme llevar. En España me esperan las letras de mi casa. Con la moto me lo paso bomba, y al final los resultados han acompañado, pero tienen que venir las cosas mucho mejor para repetir. En principio, no repetiré.