PILOTA

Las manías de los pelotaris

Los profesionales del trinquet utilizan rituales y formas de vestir según supersticiones, cómo Álvaro que juega con los calzones del revés

17.08.2014 | 14:44

Los pelotaris no son ajenos a las manías que suelen tener los deportistas en general. Y las supersticiones –no dejan de ser manías- que nos hemos encontrado tras realizar un trabajo de campo con muchos de los profesionales de ahora y algunos de antes están relacionadas en buena medida en todo aquello que se derive de la forma de arreglarse las manos o de la propia indumentaria. Otras pueden tener que ver con botar más o menos veces la pilota antes de iniciar una jugada; tirársela varias veces como prueba antes de jugarla parada en la escalera; o incluso en la forma de entrar en la cancha.
De las míticas figuras nos llegan cosas como que al gran Xiquet de Quart entraba al dau con el pie izquierdo. Del maestro Rovellet sabemos, aparte de su pulcritud a la hora de salir siempre de blanco inmaculado y con espardenyes (jamás ha utilizado las zapatillas deportivas, pese a que se retiró en 1980 y ya se utilizaban); era singular que si no le gustaba la partida, cuando cambiaba de bando iba rozando la muralla cabizbajo. Todo un síntoma de mal augurio. Otro gran maestro como Juliet dice que sólo le preocupaba «agradar siempre» y que la pelota «pesara».
Eusebio aporta una curiosidad a la hora de arreglarse las manos: siempre se colocaba los naipes de forma que fuera un ´tres i un dos del mismo palo´ que son las cartas que mandan en el juego del ´golfet´, al que era gran aficionado. Llopis, por su parte, utilizaba el siete i el seis, porque en el juego del ´truc´ era buena jugada para envidar o ´tirar la falta´. Genovés también tenía sus preferencias con las cartas y procuraba «no utilizar nunca oros», porque pensaba que le daban mala suerte. Y esto mismo cuenta que le pasaba a José Luis, de Bétera. En cambio, el mitger Félix siempre busca «números pares» de la baraja y repite la comida del día que ha tenido éxito.
Un caso muy popular de jugadores de antaño era Ferrer II. Dicen que le molestaba mucho que le pidieran en el vestuario esparadrapo, porque consideraba que era gafe tal petición. Genovés cuenta que en sus comienzos convenció un día al bueno de Ferrer II para que le dejara unas tiras. Y luego, el cabreo «que cogió Ferrer al perder fue de tal calibre –dice- que tuve que irme a la ducha a otro sitio». Tino, gran punter, dice que durante veinte años ha utilizado «las mismas chanclas en el vestuario», porque creía que le daban suerte.

Álvaro juega con los calzones puestos del revés

Álvaro también aporta una rara curiosidad. Dice utilizar «los calzoncillos del revés» y emplea «dos pares de calcetines en las partidas».
Genovés II relata que utiliza «siempre el mismo ritual a la hora de arreglarme las manos, dedo a dedo, primero una mano, luego la otra. Siempre igual. Y entreno a la misma hora las vísperas de las partidas importantes». Además, «procuro no pisar nunca la línea del dau al entrar y al cambiar de bando camino sin parar hasta el tamborí».
Otro campeón, Soro III, dice que no deja que nadie le toque la bolsa del material y que jamás estrena una bolsa en vísperas de un duelo importante.
Dani juega siempre con una «muñequera» y dos pares de calcetines a la vez. Víctor y Puchol señalan que si pierden dos partidas seguidas con las mismas zapatillas, las retiran. Además, el de Vinalesa se suele tirar repetidas veces la pilota como ensayo, cuando la tiene parada a l´escala. El feridor Pedrito, lo que hace es botársela «hasta un máximo de siete veces antes de cada ferida».
León utiliza siempre calcetines gruesos y cambia cada dos partidas la protección que se arregla para la mano izquierda. Y Jesús, de Silla, siempre utiliza una muñequera, sin la cual, dice, que no «sabría jugar».

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