R. L.
Lo intentaron como jabatos pero no pudieron luchar contra una superficie inapropiada para disputar la final más hermosa del año en la modalidad de raspall. Aquello era jugarse el tipo cada vez que se raspaba. Era una pista de patinaje de hielo. Sobre esa superficie de la que los jugadores ya habían advertido de su dificultad, encararon las formaciones de Alzira, con Lluïsset y Roberto y de Rafelbunyol con César y Moro una partida que se presumía cargada de emoción y de calidad. La hubiera habido a raudales visto lo visto. Ocurrió que la lluvia hizo acto de presencia y el llenazo y el aliento de los espectadores puso el resto. Las goteras dejaban caer la lluvia en varios puntos de la cancha. Eso ocurría en un trinquete en el que se han invertido una buena cantidad de miles de euros sin reparar en que, curiosamente, una circunstancia tan habitual como la lluvia podía echar por tierra todos los esfuerzos de imagen realizados. Una cubierta con muchos años a cuestas avisó de que necesita una reparación urgente. El esfuerzo para que pueda verse una pelota de vaqueta que ha de ser blanca por necesidad obliga a pintar de negro el suelo y a pintar de negro la cubierta. Y a multiplicar hasta por tres o cuatro veces la potencia lumínica del recinto. Aumenta, consecuentemente la temperatura ambiental y en un día como el del viernes, lluvioso y húmedo, llenazo hasta la bandera, ese piso finísimo, impecable en apariencia, se convierte en una pista impracticable por culpa de cuatro gotas y por el vapor de agua de la propia respiración. Ese sistema de superficie, visto lo visto, «requiere también una rectificación», afirmaban técnicos y jugadores tras la partida. Esa era la opinión generalizada entre muchos aficionados y entre los propios jugadores. Aunque nada tiene que ver con esta suspensión se cuestiona incluso la intensidad del color azul de las paredes por su impacto general en la luminosidad del recinto. Desde la propia Federació de Pilota se lanza un mensaje: «No podemos afrontar la Ciutat de la Pilota sin una seria reflexión sobre lo que funciona en este experimento y sobre lo que no funciona. Y desde luego, no hay mejor estudio técnico que la propia experiencia», dicen.
Tras varios juegos en los que los protagonistas bastante hacían con intentar mantenerse en pie, decidieron junto con los jueces, la suspensión de la final. Cuando se anunció, los aficionados aplaudieron la decisión. Allí había peligro.