P. TARANCÓN
Éver Banega no para de crecer. Desde el inicio de la temporada está demostrando a todos que es un jugador completamente diferente a lo que ofreció en su primer año en Valencia, o el año pasado en el Atlético de Madrid. Ayer dio un paso más. El argentino anotó contra el Villarreal su primer gol como jugador del Valencia, y cumplió con uno de sus mayores deseos: poder dedicarle un gol a su hijo.
El partido de ayer fue redondo para el mediocentro argentino. A los cinco minutos, tras una gran jugada colectiva entre Joaquín, Villa y Silva, Banega se sacó un trayazo tremendo al que no pudo llegar Diego López, a pesar de su estirada. El ex de Boca es un futbolista con unas virtudes tremendas. Tiene visión de juego, capacidad de recuperación, un gran desplazamiento de pelota, pero si algo no tiene, es un disparo efectivo. Muchas son las ocasiones en que un balón se queda muerto en la frontal para que lo golpee el argentino, pero, hasta ayer, no había tenido fortuna con el gol. Pero ayer todo fue diferente. La jugada, perfecta, la definición, impecable. No podía haber mejor dedicatoria para su hijo. El gol que abría el camino de una importante victoria que afianza al equipo en los puestos de Champions. Banega cumplía así uno de sus deseos para este año. A principio de la temporada, el argentino se confesaba en una entrevista a Conrado Valle para SÚPER. «Se llama Gustavo, tiene tres años y está en Argentina con su madre. No lo puedo ver mucho, pero bueno, me gustaría tenerlo conmigo, pero hay cosas en la vida que no pueden ser. Por ello, si marcara un gol, sería muy feliz por poder dedicárselo». Estas palabras son del 9 de septiembre. Han tenido que pasar más de cuatro meses, pero Banega ya se ha quitado esa espina. Su hijo Gustavo ya ha visto a su papá marcar un gol como jugador del Valencia, y si la lógica impera donde tiene que imperar, este verano lo verá disputar el Mundial de Sudáfrica al mando de la selección argentina. En su país ya lo están reclamando.