Lo sabían sólo dos, los vivos y los muertos, pero aun así fue como si nadie hubiese previsto que después de que los radicales del Granada reventaran el autobús del Elche y le cortaran el acceso al aeropuerto, en el Martínez Valero iba a liarse la Mundial a poco que saltase una chispa. Los Madrid-Barça han quedado en nada en comparación con la visceralidad de la eliminatoria por el ascenso, un reinvento con muy buena pinta pero afeado por el comportamiento barriobajero de algunos protagonistas, los nulos reflejos de los que en lugar de estar en otras cosas deberían haberle puesto remedio y cierto tufillo a chapuza arbitral. Para Fabri, por cierto, no es la mejor carta de presentación ahora que será de Primera, como tampoco lo es para la leyenda negra que parece perseguir a Bordalás, enfrascado en la enésima guerra.