FRAN ESCUDERO
Silvia Domínguez está viviendo su momento más dulce en el baloncesto profesional. Sus últimos meses en Salamanca, y ahora este título con el Ciudad Ros Casares, le colocan en una posición privilegiada de la cual no está dispuesta a moverse. «Ahora vamos a por la Liga», se apresuró a dejar claro en el Supermurciélago de LevanteTV. «Nadie se cansa nunca de ganar. He estado muchos años perdiendo los títulos y espero haber empezado ahora una era de victorias. Hay mucho trabajo y sacrificio detrás y ahora me está tocando vivir la parte dulce», explicó en el espacio conducido por Carlos Bosch.
Y detrás de las victorias siempre hay historias que merecen ser contadas. Como la de este equipo, que se sobrepuso a un golpe durísimo en Arganda del Rey para reinar por primera vez en Europa. «Vivimos una semana muy dura tras la Copa de la Reina pero hay que extraer una lectura positiva. Nos vino bien para sacar otra identidad como equipo y lo hemos demostrado en esta Final a Ocho. Llegamos con muchas más ganas de ganar, con más corazón y hambre. El espíritu de lucha era un ingrediente muy necesario para ser campeonas de Europa», recordó la jugadora natural de Montgat, que también nos descubrió una convivencia de tres días —cerca de La Seu d´Urgell— clave antes de volar a Estambul. «Fue como un retiro espiritual —bromeó—en un pueblo de diez habitantes en el que no vimos a ninguno. Fueron 24 horas al día todo el equipo junto, y eso nos pudo ayudar. Pudimos hablar de todo lo que había pasado y de lo que teníamos por delante. Se dejó todo muy claro», indicó.
Tal vez por este motivo «el feeling que tuve en Estambul fue muy distinto al de la Copa de la Reina. En Arganda tuvimos miedo a perder, y en la Final a Ocho no hubo ningún miedo.Simplemente dijimos vamos a hacer lo que sabemos hacer. Sabíamos que teníamos que jugar como lo estábamos haciendo para que las presiones se quedaran fuera». Algo que sólo se pudo conseguir gracias a una gran labor colectiva. «La ilusión estaba ahí ya que hay un grupo humano increíble dentro del vestuario. Tras el golpe de la Copa hubo mucha implicación y nos unimos más como grupo. O nos uníamos y remábamos todas en la misma dirección, o iba a ser imposible», reconoció Domínguez, para la que «nuestra identidad en defensa fue clave, sobre todo en la segunda parte ante el Spartak de Moscú y en la final con el Rivas Ecópolis».