Hago mías las palabras de Carlos Marchena. En el caso de David Albelda ni debe haber «vencedores» ni «vencidos». Ni al Valencia ni a quien ha sido uno de los más ilustres capitanes de la entidad les interesa ser foco de atención y hazmerreír de media Europa por un desfile en los juzgados. Menos aún le conviene a unos y a otro dividir a la afición (por no hablar del vestuario) en dos bandos con una sentencia judicial de por medio. Llegar a un acuerdo antes del viernes entre ambas partes no debe quedarse en una mera posibilidad como lo era hasta ahora o en un intento firme como lo fue ayer (bien Part, bien). Evitar el juicio debe ser una obligación y es la mejor solución para unos y otros. Me da igual que Albelda pueda pensar que «a buenas horas mangas verdes» o que en el club haya temor ante la posibilidad de que el que «de amarillo se viste, en su hermosura confía, o de pícaro se pasa». Si la cosa se arregla echando mano del refranero, me quedo para Albelda con el de «nunca es tarde si la dicha es buena» y para el Valencia con el de «tanta paz lleve como descanso deja».
Si esa es la vara de medir?
El juicio que no va a evitar pero por el que sí tiene que hacer todo lo que esté a su alcance el Valencia por ganar es el que se vivirá en la sede del Comité de Competición. Si Villa es sancionado con dos partidos a raíz de un error que comete en Getafe es, sinceramente, para que todos los del Comité se marchen unos días al Caribe para meditar sobre si sus decisiones son, simplemente, justas. Si la vara de medir es más el ojo avizor del cuarto árbitro que la publicidad de un corte de mangas -como los de Van Nistelrooy o Capello- que vieron ochenta mil personas en directo y millones por televisión? apaga y vámonos.