P. CALABUIG
En la última charla táctica, antes de que el equipo acudiera en autobús al campo de Mestalla y tras el habitual descanso y almuerzo, Unai Emery desveló la gran incógnita de la pretemporada. El plan del técnico es que el portero titular del Valencia en Liga sea Miguel Ángel Moyà. El fichaje más caro del club este curso 2009/2010 fue el escogido por el técnico de Hondarribia para comenzar defendiendo la portería ché en el torneo de la regularidad ayer frente al Sevilla.
A Moyà le llegó la hora de debutar en la competición madre, como la catalagó el pasado sábado Emery y, en principio, si responde y coge con acierto el testigo continuará bajo los palos y César Sánchez (quien ha cuajado una excelente pretemporada) entraría en escena en partidos de la Copa del Rey y de la nueva Liga Europa. En lo deportivo el de Binissalem vivió una tarde de lo más tranquila. 90 minutos de juego en los que prácticamente ni apareció. Buena noticia, en lo referente el sistema defensivo, que el portero sea invitado de piedra y que cuando tenga que actuar sea para abrir con el pie el balón a las bandas como si de un libre a la vieja usanza se tratara.
Moya salió al maltrecho césped de Mestalla con camiseta verde, el dorsal 13 a su espalda, pantalón y medias negras y botas de color blanco. A los tres minutos la afición pudo ver la primera intervención del mallorquín. Fue un balón centrado de Navas que blocó el portero. Tranquilo, el balear buscó la mejor opción y pasó en largo con la precisión de un jugador de campo a Pablo. Diez minutos después el guardameta atajó otro centro, éste más peligroso de Konko, hincando la rodilla en el suelo y demostrando unas notables condiciones técnicas.
Después sus apariciones se limitaron a interceptar un centro de Perotti y acertar en facilitar la salida del balón, tanto con envíos con el pie, por ejemplo a Mata o Banega, como con la mano a Marchena. En la segunda parte su cuota de pantalla todavía fue menor, gracias al buen hacer de sus compañeros. Vio como espectador de lujo los goles de Mata y Pablo. Atrapó, anticipándose a Negredo, un balón aéreo y detuvo en el suelo un flojo chut del vallecano. El único tiro a puerta de los sevillistas. Mucho más trabajo tuvo Andreu Palop, quien evitó algún que otro gol más.