CONRADO VALLE
Guus Hiddink, que con el paso de los años se hizo amigo íntimo de Luboslav Penev, se las vio y deseó en su etapa como entrenador del Valencia para tratar de atar en corto al delantero búlgaro. Penev, en su rol actual de técnico del CSKA de Sofia, está sufriendo en sus carnes por culpa de nueve de sus futbolistas los quebraderos de cabeza que él solito le hizo pasar a Hiddink. Ahora que Penev ha suspendido por un tiempo indefinido a nueve jugadores por sus salidas nocturnas, no está de más recordar a modo de anécdotas las que se gastaba el Penev futbolista, como la que lió en Arnhem o un año antes en Tenerife.
La noche del 6 de agosto de 1992 es una de las que más se recuerdan en las tertulias de sobremesa entre periodistas y futbolistas de la época. Aquel día, en el hotel del Valencia en Doorweth, durante pretemporada que realizaba el equipo en Arnhem, Guus Hiddink expulsó de la misma a Penev por abandonar sin permiso por la noche el hotel de concentración, una pretemporada en la que por si fuera poco el búlgaro no se ejercitaba con sus compañeros al padecer una hernia.
Penev, por la ventana de la habitación, situada en la planta baja, y tras dejar estratégicamente una bicicleta en la puerta, se marchó hasta la localidad de Arnhem tras la cena del equipo. Lo hizo, según testigos presenciales, acompañado por la recepcionista del hotel de concentración. Y cuando hablamos de testigos presenciales nos referimos a varios de los periodistas que cubrían la información del Valencia durante aquella pretemporada, que se encontraron de cara con Penev y la recepcionista.
La noticia de la presencia de Penev en el centro de Arnhem, no tardó mucho tiempo en llegar a oídos de Guus Hiddink. Lo primero que hizo el técnico holandés al enterarse de la escapada de Penev, fue acudir a su habitación. En ella estaba solo el que era compañero del búlgaro, Salvador González Voro. Hiddink instó al ahora delegado a que avisara a Penev para que en cuanto hiciera acto de aparición se pasara por su habitación. Dicho y hecho. Cuando Penev llamó a la puerta de Hiddink, el holandés ya había hecho los trámites pertinentes con el club para comprar un billete de vuelta desde Amsterdam a Valencia para primera hora de la mañana siguiente.
Penev, que aterrizó en Manises con gorra y gafas de sol tratando de pasar inadvertido (lo cual no consiguió), no pudo más que confesar que estaba «arrepentido» y que «entendía la decisión del entrenador». Y no era para menos. A fin de cuentas, unos meses antes, Guus Hiddink había pasado por alto, incluso disculpado, otra escapada furtiva de Penev durante una concentración.
Fue en Tenerife, durante la Semana Santa de 1992, cuando el búlgaro, también sin permiso del entrenador ni de ningún otro responsable de la expedición blanquinegra, se ausentó del hotel de concentración durante unas horas tras la cena. Penev de nuevo fue cazado, aunque en aquella ocasión Hiddink fue benévolo. El holandés, de hecho, no solo evitó que el club le sancionada sino que además justificó a Penev. «Volvió al hotel a una hora normal y no habrá sanción, salió a tomar un café con unos compatriotas», explicó al día siguiente Hiddink a la prensa.
Pero además de las escapadas en Arnhem y Tenerife, Penev, genio y figura como futbolista, también protagonizó varias polémicas relacionadas con las idas y venidas a su país y con su selección. Como cuando el club le impuso una multa de un millón de pesetas (una de las más altas hasta entonces en la historia de la entidad) por marcharse sin permiso de nadie a Bulgaria o cuando llegó con casi dos días de retraso tras un partido disputado con su selección. Penev explicó que había sido por un problema de horarios de vuelo, si bien, la excusa no convenció para nada ni a Hiddink ni a Arturo Tuzón y el futbolista no fue convocado para el partido ante el Logroñes, curiosamente el previo al fatídico encuentro europeo contra el Karlsruhe (7-0).
Penev, un asiduo de la noche valenciana y cliente fijo de un pub de Cánovas en su etapa como delantero del Valencia, sufre ahora en sus carnes las salidas nocturnas de sus futbolistas. «¡Como cambia el cuento!», comentaba ayer entre risas uno de sus ex compañeros al saber que Penev había suspendido a nueve de sus jugadores por tiempo indefinido por irse de fiesta.