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PEPE ROS Juego aéreo, anticipación, rapidez, contundencia, colocación, agresividad, marcajes férreos, intimidación, pero, sobre todo, personalidad sobre un terreno de juego. Todos estos atributos pertenecen a Roberto Fabián Ayala, un futbolista que hasta agosto del año 2000 veía gran parte de los partidos del Milan, de por aquel entonces Alberto Zaccheroni, desde el banco. El Valencia sacó al 'Ratón' de su madriguera de San Siro por 3 millones de euros. Muchos sabían que se trataba un suplente de lujo pero menos eran los que eran capaces de augurar la brillante carrera que le esperaba a orillas del Turia.
A las órdenes de su compatriota Héctor Cúper en su primera temporada, poco tardaría en acaparar el protagonismo como blanquinegro. Su liderazgo en el eje de la zaga comenzó a gestarse formando dupla defensiva con su inseparable escudero Mauricio Pellegrino. La escuela de defensores argentinos, apoyados en los carriles por Carboni y Angloma, se asentaba en el Valencia CF. El fútbol aguerrido de Cúper le facilitaría a Ayala el regreso a Milan en su primer año como valencianista para disputar toda una final de Liga de Campeones contra el Bayern Munich. Era mayo del 2001 y el éxito todavía no había llamado a la puerta de Fabián.
Su momento de madurez profesional coincidió con la llegada de Rafa Benítez al banquillo ché. El técnico madrileño puso sobre él su mano de santo y le dio los galones que merecía. En un equipo hecho de atrás hacia adelante él era el capitán. En la liga comenzó a ampliar su círculo de 'amistades' en las delanteras rivales: Savo Milosevic, Roy Makaay, Darko Kovacevic... todos las tuvieron tiesas con el 'Ratón' y acabaron viviendo una pesadilla cuando se veían las caras con el argentino. A mayor tamaño físico y futbolístico de su adversario más se engrandecía su figura.
La primera Liga cayó en Málaga en el año 2002, un campeonato del que siempre quedará grabado en todas las retinas el vuelo y el cabezazo que abrió el marcador en La Rosaleda. Pero la temporada más redonda la firmó en la 2003/04, cuando se alzó con un doblete. Lejos de conformarse con estos éxitos, el 'Ratón' decidió tomar parte del combinado argentino que se colgaría en oro en los Juegos de Atenas de 2004. A la vuelta de las vacaciones le esperaba otro título: el de campeón de la Supercopa de Europa tras doblegar al Oporto en Mónaco.
Sus actuaciones en Liga de Campeones le valieron el ser nominado para el puesto de mejor defensor de la máxima competición europea. Ayala se convertía en el objeto de deseo de todos los grandes del Viejo Continente y en uno de los mejores centrales del mundo, pero el argentino, con alguna que otra polémica, acabaría permaneciendo en Valencia.
La relación con el club comenzó a deteriorarse de la mano de la llegada de Amedeo Carboni como director deportivo. El zaguero argentino, con 33 años, tenía la palabra de Juan Soler de que se le ampliaría el contrato por dos años más (conversación mantenida en El Sadar). Sin embargo, el desembarco de Carboni lo cambió todo. El italiano le ofreció renovar año a año y Ayala explotó. Su epitafio en el Valencia CF rezaba así: "Mi sueño de acabar mi carrera en el club se esfuma por gente que no cumple su palabra. Me quiero ir, no estoy a gusto y no me siento bien". Era verano de 2006.
A partir de aquí, el Villarreal contrata como agente libre al argentino. Para la galería de imágenes quedará una esperpéntica presentación con el Submarino a la que seguirá una de las operaciones más rocambolescas que se recuerdan. El Zaragoza, que acababa de firmar la venta de Gabi Milito al Barça, pagaba la clausula de rescisión al equipo de Fernando Roig (6 millones de euros) y se hacía con sus servicios. Ahora, el conjunto maño regresa a Mestalla tras pasar por el infierno de Segunda. El 'Ratón' vuelve a la madriguera que mejor defendió durante su carrera.
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