P. TARANCÓN
Hubo un tiempo en Mestalla en que la magia corría a cargo de un argentino, de Río Cuarto; menudo, de sonrisa tímida, y con el 21 a la espalda. Se llamaba Pablo Aimar, aunque más de uno ya lo habría adivinado sin decir el nombre. Pues bien, ese ´Mago´, que despertaba una sonrisa en cada aficionado con un simple toque de pelota, perdió lo más importante, la suya propia.
Una maldita lesión de pubis le lastró durante más de cuatro años, hasta que al fin, desesperado, decidió operarse para intentar poner fin a su calvario. La decisión no pudo ser mejor, y gracias a ella, aquella sonrisa perdida, volvió a dibujarse en su rostro, y a la vez en otros muchos; y es que no hay nada mejor que volver a ver disfrutar a ´uno de los nuestros´.
Pablo Aimar, por desgracia para los amantes del fútbol, tuvo que emigrar de España para volver a encontrarse a sí mismo, y fue en Portugal, en el Benfica, donde halló la felicidad. Su descenso con el Zaragoza y sus problemas físicos hicieron que pensase en volver a Argentina, pero un hombre al que admiraba de pequeño, el mítico Rui Costa, lo rescató. Desde entonces todo ha cambiado para el ´Mago de la Luz´, como lo conocen los lisboetas, hasta el punto de que ha vuelto a vestir la casaca de la albiceleste, dos años después. Apenas unos meses antes, Aimar reconocía con resignación que veía su vuelta a la selección muy lejos, pero sus buenas actuaciones con ´los encarnados´ hicieron que Diego Maradona pensase en él como revulsivo para rescatar a Argentina de su peor crisis de las últimas décadas.
El ´Pelusa´ confió en él, y no se equivocó. Argentina se clasificó para el Mundial, y Aimar se reencontró con aquel jugador que los propios argentinos reconocían como uno de los ´enganches´ que más éxito ha cosechado en su aventura europea. Hoy podremos verlo en el Calderón, y volver a disfrutar de esa elegancia sobre el césped, que además, acompaña con su habitual humildad fuera de él.