C. VALLE
Unai Emery llevaba toda la semana dándole vueltas a cómo contrarrestar el arma de Osasuna, los balones aéreos. Uno y otro cumplieron con lo previsto, porque el conjunto pamplonica lanzó hasta cuarenta y dos balones en largo buscando la segunda jugada y el Valencia hizo bien los deberes. De hecho, los de Emery contrarrestaron el ataque directo de Osasuna hasta el punto de que tras el descanso, Camacho cambio de fórmula. Osasuna, que en la primera mitad se cebó con 30 pases en largo, optó en la segunda mitad por tocar un poco más el balón, y ello porque la zaga blanquinegra le ganó siempre la partida.