PASCUAL CALABUIG
Joaquín no entierra el hacha. Ni mucho menos. El gaditano está centrado en su «trabajo», en ganarse la titularidad y triunfar de una vez por todas en el Valencia. En Pamplona se comprobó que puede cohabitar con Pablo Hernández, con quien no repetía en el once desde mayo en Vila-real. El ´Pisha´ avisa del peligro del Mallorca. Un equipo al que ya le marcó en Palma en 2007 para que entonces el Valencia durmiera a un punto del líder, el Real Madrid. Ahora apuesta por que se repita la historia; pero que esta vez Barça y Madrid «pinchen» con un empate. Sincero, confiesa que su carácter gracioso, a veces, hace que no se le respete «como a otro», aunque asegura que vivirá con ello porque es «imposible» cambiar su personalidad.
Aunque no juega lo que antes, la afición sí le quiere como siempre.
—El valencianismo me trata con cariño y respeto y donde quiera que voy se nota que está a mi lado. Eso no cambia.
—¿Cómo se siente?, ¿cómo califica su papel en este Valencia?
—No es mi mejor momento. Esta es mi cuarta temporada como jugador del Valencia. He tenido momentos muy buenos y otros muy malos. Me ha pasado de todo. Ahora la situación no es la más agradable porque no tengo los minutos que quiero.
—Por lo menos, cuando Emery le da la oportunidad usted la aprovecha.
—Sí, desde que empecé la pretemporada lo he dado todo. Los amistosos fueron buenos, cada vez iba a mejor, pero llega un momento en que el míster se decide por Pablo y comienzo a disponer de menos minutos. Uno intenta aprovechar lo que tiene y darle a entender al técnico que puedo estar ahí no sólo en Copa o en Europa, sino también en la Liga. En Pamplona jugué desde el inicio porque Mata no estaba en condiciones. Intenté hacerlo lo mejor posible y lo más importante es que el equipo ganó.
—Hace unos días dijo que se plantearía irse porque no está jugando. ¿Sigue pensando de esa manera?
—Lo que quise decir es que, si no juego de aquí a final de temporada, habrá que buscar algo. Pero no me gustaría. Esto es muy largo y espero contar con más minutos, jugar y disfrutar del fútbol aún en el Valencia. Si al final la situación se mantiene habrá que plantearse lo que ha pasado. Pero es lógico. Nunca quise decir que ya daba por acabado mi paso en este club.
—¿Entonces, en ningún momento se refería a diciembre?
—No, para nada. Pero la situación actual no es la que quiero para mí deportivamente.
—Lo de ir a Sudáfrica sí que se le ha puesto en chino.
—La realidad nada más que tiene un camino y en este momento… Para ir a la Selección primero debes jugar en tu equipo y, además, muy bien. Como esas cosas ahora mismo no ocurren, las posibilidades de jugar el Mundial son cero. —Le noto dolido, ¿tiene la espinita de aquel Mundial de Corea y Japón?
—Claro, si es muy triste… Y para uno que ha estado ahí, mucho más. Hay que tener los pies en la tierra y saber que lo principal es jugar en tu club, si consigues eso y estás cómodo das un paso más. Primero hay que comerse la ensalada antes que el plato.
—¿Y Joaquín se come mucho la cabeza cuando vuelve a casa después de cada entrenamiento?
—La situación no es tan grave, pero es algo que hasta ahora no estaba acostumbrado a vivir. Si me como la cabeza es porque quiero darle la vuelta a la tortilla. Yo me siento bien con mi trabajo, aunque es difícil cuando haces buenos partidos y no hay continuidad, ritmo… Todo eso te lo da el jugar cada dos por tres. Mi mentalidad de trabajo está siendo buena, con voluntad de aprovechar todo lo que tengo, en la posición que sea o en el campo que sea… Pero, oye, que también me gusta jugar en el Bernabéu, en el Camp Nou o en el Calderón. Asumo lo que hay y mi actitud es importante.
—¿Para estar en los partidos importantes, hacerlo bien en Reyno de Navarra no sería un paso previo?
—Sí, todo suma. Lo que estoy haciendo ahora es para eso, para poquito a poco ir ganándome lo que no tengo ahora.
—¿Pueden jugar juntos Joaquín y Pablo Hernández?
—Sí, el otro día se vio en Pamplona. En circunstancias un tanto diferentes, pero sí podemos. Pablo jugó por la izquierda y yo por la derecha. Podría ser al revés, en cualquier momento puedo jugar yo por la izquierda o arriba.
—Se lo digo porque, a lo mejor, tampoco ayuda que siempre se les vea como los ´eternos competidores´…
—Claro, en este caso para mí que soy el que menos minutos tengo. Los dos somos futbolistas de calidad que podemos jugar en varios puestos diferentes y, por supuesto, cabe la posibilidad de que estemos juntos en el césped.
—¿Hasta dónde cedería? Es decir, ¿de qué estaría dispuesto a jugar por ser de nuevo titular?
—Menos de central, de lateral o portero… Aunque sí podría de lateral…(risas). De medio campo hacia arriba de lo que haga falta.
—¿Le ha dicho el entrenador que está contento con su actitud?
—No, pero imagino que debe ser así, no puede estar descontento.
—¿Cómo desconecta del trabajo?
—Tengo una niña (Daniela) que me hace locuras. Aunque haya asimilado que juego menos, sí que se piensa en el tema cuando sale en alguna conversación. Pero poco más porque tampoco tiene que ser esto un suicido. Hay que seguir con el mono de faena para encontrar la solución.
—Aparte de su hija, ¿alguna que otra afición? ¿Televisión, películas?
—Sobre todo, me gusta estar con mi mujer y mi niña, pasear por el parque con mis perros. Me encanta ver el tenis y películas. La última que he visto en el cine es ´La cruda realidad´, yo y mujer no nos perdemos casi ningún estreno.
—Ya que le apasiona el tenis, ¿quién es el favorito para llevarse el número uno en el ´Masters´?
—Yo soy fan de Nadal a muerte. La lesión le ha dejado un par de escalones por abajo. Con la cabeza fría, creo que lo puede ganar Djokovic.
—Regresando al equipo. ¿Está en el mejor Valencia desde que llegó?
—Sí, estamos en el más equilibrado, más tranquilo y normalizado de todos los ´Valencias´ que yo he vivido, pero con diferencia. Seguro… Se agradece y se ve en el campo porque pasaron muchas cosas y muchas de ellas tristes.
—Joaquín hace autocrítica, pero también influye el entorno, ¿o no?
—Yo no he tenido, desgraciadamente, años muy agradables aquí… Uff, han sido muchas e influyen. Este momento, al menos, de poder vivir, trabajar, llegar a Paterna y no encontrarte nada raro, no pensar: ´A ver qué ha pasado hoy´… Es el momento idóneo.
—A esta altura, ¿hablar de poder ganar la Liga sería hablar mucho?
—No porque estamos de arte, a cuatro puntos y no es de locos decir que podemos ganar la Liga, pero queda mucho. Pienso que hay que hacer las cosas como las estamos haciendo, con mucha tranquilidad. Se está trabajando como hacía tiempo no se podía porque no nos dejaba todo lo que ocurría alrededor. Ahora el VCF puede estar contento de lo que está haciendo y de todo lo que puede llegar.
—Pero, ¿no les llega ese olor a éxitos, esa ilusión en la afición?
—Ese ambiente se palpa, lo noto cuando salgo a la calle y me habla la gente, pero nosotros a lo nuestro, al partido de Mallorca y nada más. Es un equipo que juega bien; además tiene un técnico que se merece todo el respeto, Manzano. El Mallorca es un equipo al que se gana sólo haciéndolo muy bien.
—Volviendo a Joaquín, ¿cree que esa fama que tiene de chistoso a veces le perjudica o, incluso, no se le toma del todo en serio?
—Sí, sí… Digamos que por eso, por no tomarme como a otro o con el respeto que se me debe, claro que me ha afectado mucho. Pero también me ha dado mucho. Yo eso no lo puedo cambiar, soy como soy. Es verdad que me da y me perjudica, pero tengo que vivir con eso, es mi personalidad y si la cambio traicionaría una trayectoria como persona y futbolista.
—Para acabar, ¿cuánta guerra le queda por dar en el Valencia?
—Mucha, mucha guerra. Acabo de cumplir 28 años, estoy en una edad muy bonita para disfrutar del fútbol y es lo que quiero.