PASCUAL CALABUIG
Érase un niño a un balón pegado. Según Alberto Domínguez, padre del protagonista, el pequeñoAle (como le llamaban en casa) vivió amarrado a su pelota y al sueño de ser campeón. Un sueño que se convirtió en manía obsesiva en la adolescencia. «Estoy harto. Nunca en mi vida salí campeón». La frase de Alejandro Domínguez cuando tenía 19 años resume la ambición del nuevo fichaje del Valencia. La rabia de aquel joven es más propia de un veterano de 30 años, no de un futbolista al que le esperaba un futuro alentador.
«Es que es cierto, si yo no ganaba ni en el equipo del barrio, siempre salía el último. Es algo que tengo pendiente, otra cosa que hablo con el psicólogo. Siempre los veo festejar a los demás y eso me está molestando bastante. Tengo la necesidad de ganar algo», decía el Chori en una entrevista al ´Diario Olé´ en febrero de 2001, días antes de disputar con la selección argentina el Mundial sub´20.
Terapia con ocho títulos
Afortunadamente, el Chori superó aquel trauma de niñez, aquellas ansias por poder decir ´ya soy campeón´. Una preocupación que el propio jugador no tuvo reparos en confesar que llegó a transmitírsela al psicólogo. En concreto, a Marcelo Roffe, quien era por aquellos tiempos el asistente terapeuta de la albiceleste sub´20.
La terapia dio frutos de manera instantánea. En verano, pese a la desgracia de su lesión, Argentina se proclamó campeona del Mundial juvenil disputado, precisamente, en el país de La Pampa. Más tarde, en River levantaría los torneos Clausura 2002 y 2003. Con el Zenit de San Petersburgo los anhelos del joven Ale continuaron saciándose con la Liga y la Supercopa rusas 2007, además de la UEFA y la Supercopa de Europa en 2008. En Kazán ha vuelto a conquistar la Liga este 2009 y, a todo ello, hay que añadir dos distinciones individuales: Mejor jugador extranjero del torneo ruso en 2006 y mejor jugador de la liga este curso.
Nacido en la cuna del ´Pelusa´
Alejandro Damián Domínguez —su nombre completo— nació el 10 de junio de 1981 en la Clínica Modelo de Lanús, localidad de la provincia de Buenos Aires, situada al sur de la gran ciudad. Lanús respira fútbol por sus cuatro costados y ha sido cuna de grandes jugadores argentinos, inclusive del mismísimo Diego Armando Maradona. Hasta 2002 vivió en la barriada humilde de San Francisco Solano, población ubicada en el partido de Quilmes. Los primeros ingresos del joven Chori provocaron que la familia se trasladase a Belgrano, una zona más adinerada.
En San Francisco Solano los niños cuentan con pocas diversiones y, por encima de todas, está la de jugar a la pelota en las ´canchitas´ de barrio, campos con muy poca hierba y demasiada tierra. Según su papá, Alberto —reparador de techos—, fue «en los exteriores de la casa» donde pulió su pegada con la derecha y sus ´gambetas´. Uno de sus vecinos, viendo el estilo y la pasión del pequeño, insistió en llevarlo al Club Polideportivo Solano. Después defendería también al Lafuente y al Sudamérica.
Lanús lo deja libre a los 14 años
Las destacadas actuaciones de Alejandro en terrenos de ´baby fútbol´ despertaron las miradas de los principales clubes del sur de la capital federal. Por cercanía a su domicilio eligió Lanús, donde ingresó a los 10 años. En categorías Infantiles jugaba siempre, pero con el paso a Inferiores pasó a ser suplente. Paradójicamente, fue en este momento cuando su mamá se convenció de que su hijo sería profesional. «Nunca faltaba a ningún entrenamiento y como revancha, y para no perder el ritmo, jugaba también en otro club de barrio como Gary Juniors», recuerda. Pese a su redoble de esfuerzos a la japonesa, a los 14 años Lanús lo dejó libre. Un golpe duro que el Chori olvidó cuando un año más tarde Quilmes le rescató.
La suerte de Domínguez cambió en Quilmes Atlético Club, la entidad con más solera de Argentina, ya que tiene 122 años de vida. En los ´cerveceros´ su ascenso fue imponente, se hizo con un sitio desde el principio, motivo por el cual sus compañeros le pusieron el sobrenombre de Chori. «Me lo puso un compañero de Inferiores cuando me incorporé. Como en ese entonces yo jugaba de ´10´ y nada más llegar los técnicos me pusieron de titular, los chicos me apodaron el Chorizo porque en broma decían que llegué para ´robarles´», cuenta él mismo.
Debut con River en Primera
A los 17 años se estrenó en la Nacional B con Quilmes en un equipo repleto de veteranos que pelearía de forma frustrada por el ascenso. «Fue un fracaso, un dolor insoportable. Cuando perdimos la última final (fueron tres consecutivas en un mes ante Huracán, Los Andes y Belgrano) el grupo se separó, ya no aguantábamos más juntos», confesó en 2000. Después el Chori jugaría el Sudamericano y el Mundial sub´20. En 2001 reapareció con el ´Cervecero´ tras superar su grave lesión de tobillo. Pese a ello, River apostó por él en 2002. El 14 de febrero de ese año debutó en Primera con los platenses ante Talleres de Córdoba. El hoy técnico del Madrid, Manuel Pellegrini, lo puso de titular aquel Apertura y contó con él, salvo en el tiempo en que recayó del tobillo.