J. MONTORO
Hace unos días David Villa visitó una cadena nacional —Cuatro— para participar en un programa de moda —El Hormiguero—. No tiene nada de particular más allá de las tonterías que obligan a hacer al jugador y de un detalle interesante que seguramente pasaría desapercibido en muchos lugares de España, no aquí.
Aunque Pablo Motos tuvo el detalle de presentarlo como «el delantero del Valencia», todas las imágenes que mostraron en las pantallas durante la intervención de Villa eran sus goles con la selección española, nunca vestido con los colores del Valencia CF. Villa es libre de ir a la televisión que quiera y poca culpa tiene Villa de ciertas envidias y de que, por mucho o poco que se empeñen en disimularlo, en Madrid lo que importa es el Madrid y cuando no hay Madrid, la selección. Para otro tipo de imágenes como las de Casillas en Mestalla o la hucha para el arruinado Valencia sí han estado avispados.
Pero el papelón es para el Valencia y su departamento de comunicación, que presta a su futbolista más importante y universal para hacer el cuadro en un show televisivo y después se tiene que comer cómo lo ningunean con nocturnidad y sin vergüenza. Casi es mejor que la Euroliga no importe en Madrid, que el Valencia saque un resultado suficiente en Italia para estar en la siguiente ronda. Cuando llegue a la final, que no estaría mal llegar, entonces sí será de interés general.