A. GARCÍA
Se acaba el año y se acaba el debate futbolístico. ¿Dónde rinde y es más efectivo Éver Banega en este Valencia? ¿Como mediocentro o como mediapunta? Después de lo visto anoche en Riazor, la respuesta se contesta sola. El argentino es un ´8´. Un mediocentro. Un organizador que necesita metros por delante para desarrollar su mejor fútbol, que necesita cuantos más referentes arriba para asociarse con ellos, que le cuesta ver puerta y que, al menos esta temporada, se desenvuelve como pez en el agua, en esa doble función de creación y también de destrucción.
De todo eso se convenció el propio Emery antes de que se cumpliera la hora de partido. Se acabaron los inventos debió pensar el de Hondarribia. En el minuto 57, el técnico vasco devolvía al argentino a su posición natural en detrimento de un Baraja al que le costó mucho entrar en juego. Por su entendible falta de ritmo y por el juego rápido y vertical de este equipo, sobre todo, cuando juega a domicilio.
Sólo hay que repasar el partido para darse cuenta de que las prestaciones de Éver mejoraron jugando diez metros por detrás y con cuatro referencia por delante y no sólo con una, dos y, tres en los mejores casos, como en los primeros 57 minutos. El equipo, como sucedió ante el Real Madrid y durante muchos minutos en Génova, no se encontró cómodo con Banega en la media punta. Como reconocía el propio Emery antes del partido, al jugador le falta «soltura» para hacer de Silva y le falta gol. Dos cosas que ayer volvieron a quedar patentes en A Coruña. Tras el cambio por Baraja, Banega y el Valencia mejoraron de la mano. El argentino crecía y el equipo despertaba. Al menos con más fuerza, más empuje y dinamismo desde el centro del campo. Su savia nueva se notó mucho. Casi tanto como se necesitaba.
Lo dicho, Banega es mediocentro. Sus buenas prestaciones ante el Lille haciendo de Silva sólo son la excepción que confirma la regla. Sólo son un apaño de urgencia para momentos en los que las bajas lo obliguen por necesidad y no hayan más alternativas en el banquillo como ayer sucedió. Todo eso no quiere decir que Baraja estuviera mal. Tan sólo discreto. Algo entendible teniendo en cuenta la falta de ritmo de sus suplencias.
Al Pipo le costaba encontrar su espacio, llegaba un pelín tarde a las jugadas y la prueba es que tuvo que ayudarse del brazo hasta dos en dos ocasiones para controlar el partido y, sobre todo, contribuyó más en la construcción con recuperaciones que en la construcción con su clásico ´tempo´ de partido. No podía controlar el balón y tampoco podía darle sentido al juego del Valencia. Tampoco lo tenía fácil por el juego rápido, directo y vertical que planteó Emery anoche en Riazor. Aún así, el Pipo lo intentó el vallisoletano con dos balones largos a Villa que el Guaje no pudo aprovechar y con varios cambios de sentido y aperturas a la banda —casi siempre cayendo a la banda izquierda—. Pero, siempre tocando rápido, casi siempre de forma vertical y sin posibilidad de adueñarse del centro del campo. El Pipo no perdía la batalla contra Sergio y Antonio Tomás, pero tampoco la ganaba en compañía de Albelda.
El ´8´ del Valencia cerró su sólo correcta actuación en la primera parte del encuentro con un remate de cabeza, a centro de Joaquín, que salía por encima del larguero de Aranzubia. Volvió a intentar el pase largo al Guaje tras el descanso e incluso disparó a puerta antes de ser cambiado. Ahí, Emery ya había comprendido que Banega tenía que ser el ´8´. El mediocentro.