P. C.
César y Moyà. Moyà y César fueron los nombres propios antes de que el balón rodara en la vuelta de dieciseisavos de final de la Euroliga en Mestalla. A las 19:45 —una hora y veinte minutos antes de que empezase el partido contra el Brujas— ya podía saberse que el elegido bajo los palos iba a ser César Sánchez. Después de su último error en la ida, jugada la semana pasada en Bélgica, el mallorquín Miguel Ángel Moyà perdía la titularidad en la competición europea.
Las miradas se centraron en el portero titular de la Liga. El de Coria se mostró muy seguro a lo largo de los 120 minutos en prácticamente todas sus actuaciones. Además, el guardameta intervino a la perfección cuando los delanteros del Brujas le obligaron a emplearse al máximo. Sus dos paradas fueron decisivas en la recta final del choque cuando el equipo necesitaba un gol más para finiquitar la eliminatoria y bajo ningún concepto podía permitirse un disgusto de los belgas.
En el minuto 80 salvó un mano a mano frente al croata Perisic. Banega perdió el balón y el mediapunta del Brujas se plantó solo ante el portero. César aguantó y con las rodillas hincadas en la hierba repelió el esférico con los pies. Siete minutos más tarde se lanzó para despejar un disparo raso, pero envenenado, del delantero camerunés Kouemaha.
César regresó a la competición europea —no jugaba desde el 3-2 al Génova el 1 de octubre— por la puerta grande, haciendo gala de una concentración total para actuar en el momento justo. Una vez concluido el partido el extremeño, centro de las iras de los seguidores belgas, se marchó en un gesto que le honra a abrazar a su compañero Moyà. «Antes que profesionales, somos humanos», recalcó.