PAU FUSTER
Si las palabras no van acompañadas de hechos no sirven de nada, Moyà avisó después de que Unai le quitara la titularidad —en el partido de vuelta contra el Brujas— que no iba a bajar los brazos y anoche lo demostró, evitando la derrota del VCF con dos paradas de mucho mérito; al filo del descansó despegó su pierna izquierda para desviar un chut de Canales y más tarde reaccionó con una buena mano derecha al disparo de Tchité. Hay quien pensó que la medida del técnico podía «hundir» al arquero balear, pero los hechos demuestran lo contrario.
Moyà era consciente que iba a ser uno de los focos de atención del partido, desde el primer instante estuvo muy atento y concentrado. No era un asedio constante, pero cuando recibía el balón de sus compañeros sólo jugaba en largo si estaba presionado, en caso contrario aseguraba la posesión. En el juego aéreo estuvo correcto, levantando la cabeza nada más recoger el balón para intentar el contragolpe, como ocurrió a los 35 minutos buscando a Villa. 90 segundos después necesitó dos tiempos para esconder entre sus manos el esférico, pero lo atrapó, que es lo que cuenta al fin de la corrida. El Racing aparecía por el área local en cuentagotas, pero sin mucho peligro hasta la última jugada del primer tiempo, cuando Canales se plantó sólo ante Moyà tras irse de Navarro y coger a contrapié a Dealbert, pero su disparo fue rechazado con la puntera de su bota izquierda.
Todo eran señales positivas lo que transmitía el arquero de Binissalem, que anoche desafió a la mala suerte que el número 13 les trae a algunos y demostró que Unai puede contar con él cuando quiera. Aún quedaba el segundo tiempo, en el que volvió a sacar una manopla milagrosa a disparo de Tchité, después de un blocaje en dos tiempos desde la frontal del área y una salida a los pies de Arana en la que cubrió bien la portería, dándole sólo la opción del centro que después desvió Alexis. Moyà entrena bien, pero los exámenes son en los partidos y ayer lo saldó con muy buena nota.