PAULA CIVERA
El pasado 19 de febrero la mala suerte hacía que Éver Banega se rompiera la tibia y el peroné atropellado por su propio coche en una estación de servicio cercana a la Ciudad Deportiva del Valencia. Casi cuatro meses más tarde el centrocampista argentino ha dejado atrás las muletas y la escayola, y ajeno a toda superstición ha vuelto a conducir el coche que le atropelló, un Audi R8 blanco.
Éver trabaja en su recuperación día a día junto a los servicios médicos y los fisiterapeutas del club — al igual que Sergio Canales — para poder estar a las órdenes de su compatriota Mauricio Pellegrino en el mes de octubre. Las sensaciones del futbolista y el proceso de rehabilitación cumple los plazos establecidos desde que ocurrió el accidente.
El propio futbolista quiso mandar un mensaje de tranquilidad a todos los valencianistas a través de su cuenta de Twitter, en la que escribió el pasado miércoles: «Estoy muy bien de la pierna, mejorando día a día».
Cuando se conoció la noticia de que el jugador se había hecho una fractura tan grave circularon pronósticos muy negativos que llegaban a insinuar que podría llegar incluso a peligrar el regreso de Banega al fútbol profesional. Tras pasar por las manos del traumatólogo Enrique Gastaldi y de su equipo, se contempló que el periodo de recuperación sería el habitual en estos casos — seis meses — y que su rendimiento no se vería mermado por esta doble fractura.
Un calvario que ya termina
Aunque aún quedan meses de duro trabajo por delante para volver a ver a Banega sobre un terreno de juego, la peor parte ya ha pasado y el mediocampista empieza a ver la luz al final del túnel. Todo apunta a que el argentino realice la pretemporada junto al resto del equipo aunque con una programación de ejercicios adaptada.