Cuidado muscular

Automasaje en cinco pasos: cuidarse sin necesidad de ayuda

El masaje es una fuente de bienestar y salud, pero puede ocurrir que no se cuente con alguien que lo lleve a cabo

06.11.2016 | 16:55

El masaje mejora la circulación, relaja y ayuda a liberar la tensión de los músculos, contribuye a la buena digestión y, por activación del sistema linfático, ayuda a eliminar sustancias de desecho del organismo. Así que no está de más tener unas pocas indicaciones para hacerlo uno mismo en una de las zonas más castigadas por las tensiones: nuca y hombros. Sólo necesita sus propias manos y, sin ser imprescindible, un poco de aceite. Depende del momento. El alivio está prácticamente asegurado.
 
Primero. Friccione su hombro derecho con la mano izquierda en toda su extensión, adaptándola a la forma del cuerpo. Comience por la nuca y siga por el lado del cuello, por el hombro y, bajando por el brazo hasta el codo, dejando deslizar la mano para empezar de nuevo por la nuca. Hacerlo al menos tres veces antes de pasar al hombro izquierdo.


 
Segundo. Aplicar presiones con pequeños movimientos circulares con las puntas de los dedos de ambas manos a cada lado de las cervicales. Trabajar bien el cuello y alrededor de la nuca con más o menos intensidad según se sienta más cómodo o aliviado al realizarlo.


 
Tercero. Luego, amasar en la zona posterior del hombro, apretando y soltando el músculo. Tal vez le produzca algo de dolor, pero sentirá alivio. Cuando haga este paso intente coger la masa muscular entre el pulgar y el resto de los dedos e imagine que está retorciendo una toalla mojada para escurrirla. Apriete amasando y suelte.


 
Cuarto. Ahora cierre la mano, pero sin tenerla apretada. Y con la muñeca lo más flexible posible, golpee rítmicamente con la mano el hombro del otro lado. Si primero ha empezado con la mano izquierda, luego haga lo mismo con la mano derecha detrás del hombro izquierdo.


 
Quinto. Para acabar, friccione de forma suave y continua con las dos manos a la vez. Primero, a ambos lados del rostro, en la zona de las sienes. Deslícelas hasta la barbilla. Crúcelas al seguir bajando por el cuello hacia el hombro opuesto. Fricciónelos y siga bajando por los brazos, pasando las manos palma con palma hasta llegar a las puntas de los dedos. Repita varias veces el último movimiento. Notará un gran efecto relajante.

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