Es estadounidense, tiene 18 años y tiene 1.9 millones de seguidores en TikTok simplemente respondiendo preguntas de su empleo. Es @ItsImperial, y sus vídeos han traspasado las fronteras de la app, llegando hasta Twitter, Instagram y Facebook. ¿Por qué son tan virales sus vídeos si simplemente se dedica a hablar de su empleo? Pues porque trabaja como stripper en fiestas privadas y se dedica a airear los trapos sucios de sus peores clientes. Morbo y sexo, viralidad asegurada.

“Yo, llegando a la fiesta donde me han contratado. El tío me llama y me enseña el lugar donde bailaré, al lado del DJ, en el escenario. Pues empieza la fiesta, me pongo a bailar, se acerca un tío al DJ para pedirle una canción cuando se me queda mirando fijamente, yo le devuelvo la mirada… y veo que es mi profesor. Luego, nos llevaron a mí y a otras chicas a una sala privada y me quedé bailándole a mi profesor porque sus amigos me daban buenas propinas. Y al lunes siguiente, me lo encontré en clase. Ambos hicimos como que no pasó nada”, es una de las muchas historias que cuenta en un vídeo que tiene casi un millón de likes. No es la única, y esta es hasta casi inocente.

Una de las peores fue cuando en una fiesta, un hombre se la quedó mirando fijamente. Pero “muy fijamente”, de forma “perturbadora”. El cliente le pidió que fuera a una sala privada. Le bailó mientras él la miraba fijamente, sin hacer nada, solamente mirándola sin casi parpadear. Ella le preguntó si estaba bien, pero no respondió. De repente, empieza a oler mal y él sonríe. Ella, sintiéndose rara, le dijo como excusa que iba a buscar agua… y le tiró algo al pecho. Era su propia mierda. El cliente sonrió y se fue corriendo de la fiesta mientras a ella le daban náuseas.

Obviamente, también denuncia mucho machismo. Hombres que, a pesar de que conocen que existe la norma del “se mira pero no se toca”, se la pasan por el forro y le cogen de la ropa, de las piernas, del pelo. Incluso una vez, un empleador le puso un uniforme que era un bikini que se desabrochaba estirando de un hilo para que un amigo pudiera desnudarla en cuestión de segundos frente a todo el mundo.

Recuerda varias en las que se se involucraba la mujer de un cliente. Por ejemplo, cuando el organizador de una fiesta le dijo que su perfume olía muy bien, le pidió referencias, y dos semanas más tarde, su mujer se pasó por la misma fiesta y le tiró la colonia diciéndole “que ella no quería oler como una zorra” y que no hablase más con su marido. O cuando una mujer fue a buscarla para que le pidiese perdón “por acostarse con su marido”. U otra, que la siguió una vez con intención de apuñalarla por lo mismo.

También habla de la hipocresía: “hay muchos a los que he visto decir que esto es prostitución y que una stripper es asquerosa… pidiéndome que les baile encima”, o que sabe que morirá “sola” porque todos asocian desnudarse por dinero con ser “una zorra” y que, aunque luego quieran tener relaciones con ella, no querrían presentársela a sus padres.

Polémica con sus historias de stripper

Eso sí, últimamente está siendo perseguida por la polémica. Y no por nada sexual, sino porque otras strippers están acusándola de no serlo, mientras que algunas compañeras suyas dicen que estas cosas suceden de verdad, que no ha mentido, pero simplemente que quizá no todas le han pasado a ella y que está robándoselas a otras strippers. Ella ha respondido, diciendo que todo lo que cuenta es verdad, que quizá está teatralizado para contar mejor la historia, pero que no está mintiendo. Y en cualquier caso, sean sus vivencias o no, al menos está visibilizando la precaria situación que viven muchas strippers