02 de marzo de 2018
02.03.2018
02/03/2018

25 años de periodismo, guerra y paz

Ya sabrán que estamos que lo rompemos y hemos cumplido 25 años en SUPER, que es como estar en la flor de la vida

23.03.2018 | 12:36
25 años de periodismo, guerra y paz

Ya sabrán que estamos que lo rompemos y hemos cumplido 25 años en SUPER, que es como estar en la flor de la vida. Uno echa la vista atrás y son muchas las cosas que han cambiado, en la vida, el Valencia CF y en el periodismo. Por ello retomo una reflexión que hice hace tiempo y que dice que con el proceso de venta ha cambiado para siempre la manera con que el Valencia se ve obligado a manejarse con los medios de comunicación, y que los hay –incapaces de ver más allá de su nariz– que no se adaptan a la nueva realidad porque se criaron en el «¿qué hay de lo mío?».

Me explico. Cuando el Valencia estaba dividido accionarialmente, cuanto mayor era el altavoz del que disponía un periodista, más capacidad tenía para influir en las ´elecciones´ a presidente. Era la época de recoger acciones y de las sempiternas guerras sociales. La prensa se dividía en favor de unos u otros y como podía decantar la balanza, se convertía automáticamente en un poder fáctico. El cuarto poder. Por ello, después de cada Junta del club de la que salía elegido un presidente, el periodista del bando ganador pasaba al día siguiente por el despacho del nuevo ´presi´ y decía: «¿qué hay de lo mío?». Y ´lo mío´ eran favores pagados con noticias, entrevistas o incluso puestos de trabajo. Y empezaba una nueva guerra. Ahora da igual que digamos día y noche que Lim es bueno o malo, o que insinuemos sin prueba alguna que tal vez, a lo mejor, pudiera o pudiese ser que se esté planteando vender el Valencia mañana, pasado mañana o al otro. A Lim solo lo pone en su sitio la afición, como vimos la temporada pasada. Ese es el gran cambio que he detectado en cuanto a la prensa en estos 25 años. Y el que no se adapta a la nueva realidad del entorno suele no entender tampoco la nueva realidad de la afición: las redes sociales. No son toda la realidad ni todo el valencianismo, pero obligan al periodista a aceptar la crítica. Twitter no es malo en sí mismo, es más bien un reflejo de la sociedad y de la condición humana. Hoy repesco varias reflexiones que he leído en redes sociales que creo interesantes. Pascual Calabuig: «De Twitter me quedo con su poder para dar voz y libertad de expresión a personas anónimas. Sin duda, eso asusta al sistema y a quienes son serviles con él...». @josocxe: «Tinc claríssim que l´equip no està com ens agradaria i que hi ha moltes coses a millorar. Però: Jornada 21: +3 sobre objectiu Champions. Jornada 26: +8 (i goal average). Igual som un poc (molt) exagerats amb la crítica, no?».

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