La confesión del rival de Induráin que ganó un Tour de Francia: "Iba dopado hasta las trancas"
Bjarne Riis, rival de Induráin y exganador del Tour 1996, admitió sin filtros que venció dopado: "Estaba hasta las trancas de EPO"

Los exciclistas Miguel Induráin y Claudio Chiapucci protagonizan la Marcha Ciudad de Valencia / EFE
Miguel Induráin es una leyenda viva del ciclismo. Si tiramos de memoria colectiva, la mayoría de conocedores del mundo del deporte a partir de los años 90, está claro que se coloca al navarro como uno de los mejores deportistas de la historia.
Para muchos aficionados, Miguel Induráin representa algo más que un campeón: es casi el último símbolo de una época en la que el ciclismo parecía moverse en otra dimensión. El español encadenó cinco Tours de Francia consecutivos entre 1991 y 1995 con una superioridad silenciosa, sin estridencias y, sobre todo, sin el ruido que años después acabaría envolviendo al pelotón. No hay más que recordar la gran cantidad de veces que se dejó ganar por ciclistas de otros equipos que le habían echado un cable en un momento dado. Hombre de palabra como nunca más se volvió a ver en el pelotón.
Casi treinta años después, ese recuerdo ha vuelto a removerse. Y lo hizo por boca de uno de sus grandes rivales, el danés Bjarne Riis, que decidióhablar sin rodeos: "Estaba dopado hasta las trancas cuando gané el Tour".
Riis conquistó el Tour de Francia 1996, justo después del último triunfo de Induráin. Aquella edición marcó un cambio de ciclo: el navarro ya no era intocable y empezaban a asomar nombres como Jan Ullrich, Richard Virenque o Marco Pantani. Pero el triunfo del danés siempre estuvo rodeado de sospechas, que él mismo confirmó años más tarde al admitir el uso de EPO durante buena parte de su carrera. Más allá de estar dopado y facilitarle el gran rendimiento, Riis tenía el mejor equipo del pelotón, lo que le puso la victoria en bandeja al contar con el joven Ullrich, o Zabel en la plantilla entre otros.
Un secreto a voces... que no cambiará el palmarés
Lo que ahora ha sorprendido no es tanto el qué, sino el cómo. En una charla reciente en Copenhague, Riis fue directo, casi descarnado: "Estaba completamente dopado. Yo sabía lo que hacía. No me arrepiento porque fue parte de ese tiempo y de un sistema que todos aceptamos en silencio".
Más que una defensa, suena a liberación. Como si, después de tantos años, el danés necesitara decirlo en voz alta sin matices ni excusas. En España, sus palabras han caído con un regusto amargo. Riis fue de los pocos que logró discutirle el terreno a Induráin en sus últimos días de dominio. En 1995, sin ir más lejos, terminó tercero en el Tour, solo por detrás del propio Induráin y de Alex Zülle. Ya entonces, su rendimiento —especialmente en la montaña— levantaba más de una sospecha. Vamos, que era un secreto a voces.
El episodio más recordado llegó un año después, en Hautacam. Allí, Riis lanzó un ataque demoledor que destrozó la carrera. Aquella imagen, subiendo casi sin aparente esfuerzo y mirando a cámara, quedó grabada como uno de los momentos más inquietantes del ciclismo moderno. Con el tiempo, dejó de ser solo una exhibición para convertirse en símbolo de toda una era.

Miguel Indurain y Alejandro Valverde, en la salida de la Quebrantahuesos / @QHyTR
Desde entonces, la figura del danés nunca ha dejado de ser controvertida. Como director del equipo CSC, estuvo al frente de corredores como Ivan Basso o Carlos Sastre, en estructuras que también convivieron con la sospecha. Su nombre, en definitiva, siempre ha orbitado alrededor de esa delgada línea entre rendimiento y ética.
Su confesión, sin embargo, vuelve a poner el foco en el contraste. Porque mientras muchos nombres de aquella generación acabaron señalados, el de Induráin sigue apareciendo limpio, sin positivos ni investigaciones formales.
"Ahora más que nunca, lo de Miguel tiene aún más valor"
En redes sociales, la reacción fue inmediata. Entre la resignación y la indignación: "Todo el mundo lo sabía, pero que lo diga así duele", comentaba un aficionado. Otros iban más allá y pedían que se le retire oficialmente el Tour. Y, cómo no, muchos aprovechaban para reivindicar al navarro: "Ahora más que nunca, lo de Miguel tiene aún más valor".
Puede que esta confesión no cambie los libros de historia, pero sí remueve la memoria colectiva. Porque el ciclismo ha evolucionado, sí, pero cada cierto tiempo su pasado vuelve a asomar… y recuerda que no todo está completamente cerrado.
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